martes 24/5/22

LA ACTIVISTA BAJO LAS PLUMAS DEL CABARET

Debajo de las plumas y los brillos del sofisticado cabaré parisino que había hecho de ella una estrella mundial, Josephine Baker fue una activa resistente durante la ocupación nazi de Francia. Reposa en el Panteón de París, la sexta mujer y primera de raza negra en entrar en el templo laico donde Francia honra a sus personas más ilustres
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Los méritos de Josephine Baker exceden en mucho los militares, sobre todo el encuentro que propició entre culturas y razas, pero su labor en la II Guerra Mundial es poco conocida fuera de Francia.

Nació en 1906 en Saint Louis (EE UU) y llegó a París por primera vez en 1925 para actuar en cabarés, donde se convirtió en una gran estrella. Se nacionalizó francesa en 1937, solo dos años antes del estallido del conflicto mundial, en el que se implicó a fondo por su nuevo país, donde siempre dijo que se sintió libre del segregacionismo que padecía la minoría negra estadounidense.

El Servicio Histórico (SHD) del Ministerio francés de Defensa divulgó, con motivo de la entrada de Baker en el Panteón de París toda la documentación que tiene sobre su labor en la Resistencia y en la aviación de las Fuerzas Francesas Libres (FFL) del general Charles De Gaulle.

Baker se sumó muy pronto al esfuerzo militar, inicialmente actuando para las tropas francesas. «Desde el comienzo de la II Guerra Mundial no quiso ser considerada como una cantante al servicio del Ejército, sino como una combatiente que cantaba», explica Géraud Létang, un historiador del SHD.

ESPIONAJE PARA LA RESISTENCIA

Tras la caída militar de Francia en mayo y junio de 1940 y ante el avance arrollador del Ejército nazi, Baker «decidió rechazar la derrota», se negó a actuar para las tropas alemanas de ocupación y comenzó a trabajar con el comandante Jacques Abtey, jefe en París del contraespionaje militar de las FFL, con el que compartía la información que llegaba a sus oídos en la alta sociedad parisina.

«Lo que explica el compromiso de Baker es que en Francia encuentra abrigo entre un racismo que cierra sus tenazas: el del segregacionismo estadounidense que había dejado atrás y el del nazismo que llega con la guerra», cuenta el investigador.

Pasó a la Francia no ocupada del régimen colaboracionista de Vichy, donde su marido, el industrial Jean Lion, fue víctima de las leyes antisemitas del Gobierno del mariscal Pétain. Baker incluyó en su compañía artística a miembros de los servicios del espionaje de la resistencia, camuflados como técnicos o maquilladores, con Abtey como su agente, lo que les permitía desplazarse por la Francia de Vichy para recoger y trasladar datos valiosos. Las partituras musicales incluían información escrita en tinta invisible.

VIAJES DE ESPIONAJE

Dentro de este esquema, la cantante realizó en noviembre de 1940 una larga gira artística por España y Portugal, dos países gobernados por dictadores de derecha y que eran auténticos nidos de espías de todos los países beligerantes debido a su neutralidad en el conflicto. Para Baker, lograr pasaportes y permisos de viaje era mucho más fácil que para los espías enrolados en su compañía.

Aunque se ignora qué informaciones envió o ayudó a transmitir durante toda su actividad, «sí se conoce el riesgo que asumía» en caso de ser descubierta, recuerda Létang.

Tras una grave enfermedad, se instaló en Argelia en 1941, territorio francés liberado por los aliados a finales de 1942, y allí se enroló en la aviación de la Fuerzas Francesas Libres del general De Gaulle, que entonces no tenía el pleno apoyo de Washington y Londres, que apostaban por el general Henri Giraud.

Baker puso su talento, fama y fortuna, que perdió completamente, al servicio del Estado Mayor de De Gaulle, quien finalmente se hizo con el liderazgo y logró incluir a Francia de igual a igual entre las potencias aliadas que ganaron la guerra en 1945.

En 1946 recibió la medalla de la Resistencia Francesa. Las autoridades la propusieron para la Legión de Honor a título civil pero ella la pidió a título militar, algo en lo que recibió el apoyo de numerosas figuras de la época.

Tras un largo toma y daca, en 1957 se alcanzó un compromiso y el presidente René Coty firmó el decreto que atribuía a la artista la Legión de Honor en grado civil pero también la Cruz de Guerra con Palma.

Fallecida en París en abril de 1975 a los 68 años a causa de un derrame cerebral, Baker fue enterrada en Mónaco. Como explica Létang, la artista «es un símbolo» de dos categorías de personas «que jugaron un papel fundamental en la Resistencia y de las que se habla poco en Francia: las mujeres y los extranjeros».

Ahora, está en el Panteón de Francia, en pleno centro de París, en el corazón del Barrio Latino, que alberga los féretros de 75 hombres y 6 mujeres que han destacado especialmente en la historia de Francia. Comparte mausoleo con Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Émile Zola, Jean Jaurès, Jean Moulin, Louis Braille, Jean Monnet, Sadi Carnot, Pierre y Marie Curie o André Malraux.

LA ACTIVISTA BAJO LAS PLUMAS DEL CABARET
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