sábado. 03.12.2022
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Uno de los momentos más difíciles a los que antes o después nos enfrentaremos es el de despedirnos de alguno de nuestros seres queridos. Vivir la enfermedad incurable de un ser querido o ver como se acercan al final de su vida, es una de las situaciones más complicadas que tendremos que afrontar. Acompañarlos, cuidarlos y atender sus necesidades, a la vez que lidiamos con nuestros miedos y temores, llorar nuestras propias lágrimas y purgar las emociones resultan tareas difíciles de conciliar y el simple hecho de pensarlo nos produce un escalofrío que recorre todo nuestro cuerpo y un gran rechazo.

En una sociedad en la que la enfermedad y la muerte siguen siendo un tema tabú, no queremos oír hablar de ellas, escondiendo nuestra cabeza como un avestruz ante una certeza indiscutible para todos los seres vivos.

Sin lugar a dudas son experiencias que querríamos que no existiesen, pero están ahí y tarde o temprano nos tocará vivirlas. Por ello debemos concienciarnos de que hablar de la muerte no la anticipa y que, por el contrario, nos permite romper los muros del silencio; que, de no eliminarse antes, se demolerán bruscamente dificultando las fases posteriores del duelo.

Ser conocedores de la importancia que tanto el acercamiento y comunicación con el ser querido enfermo, como la propia despedida y los rituales posteriores a la muerte tienen, hará la situación más sencilla y llevadera, tanto para la persona que partirá y a la que amamos tanto que queremos que se vaya en paz, como en la gestión posterior del duelo de quienes seguiremos en el camino.

Hablar de la muerte nos prepara para vivir mejor la experiencia, tanto de la muerte de nuestros seres queridos como de la nuestra propia, y no es que tenga que ser un tema a tratar en todas las reuniones familiares, pero si un tema conocido entre los seres más allegados como lo es nuestro color favorito, pues muchas son las personas que acuden a terapia con duelos complicados debido a no haber llevado a cabo una despedida acorde a los deseos del difunto o de ellos mismos. Y no sólo porque se desconozcan los deseos en torno a la muerte de las personas que amamos, sino porque nos olvidamos de que las cosas no siempre son como queremos y no siempre tendremos la oportunidad de despedirnos y zanjar asuntos pendientes.

Y aunque en lo que respecta a rituales y temas burocráticos, la oferta y las opciones que se nos dan han aumentado enormemente, abriendo un abanico de posibilidades para este momento tan importante de la vida de todos. De nada sirve si no perdemos ese miedo que llega incluso a paralizarnos a hablar de cómo nos gustaría que fuera nuestro funeral, el qué hacer con las cenizas o si hacer o no un testamento vital, son algunos de los aspectos que pueden ser de gran utilidad conocer ante la pérdida de un ser querido.

Pero cuando de miedo se trata, y dejando de lado los aspectos burocráticos y rituales en torno a la muerte, éste es aún mayor cuando de lo que hay que hablar a nuestros seres queridos es de aspectos más profundos como expresar nuestros sentimientos hacia ellos o pedirles perdón por aquello que nos sigue rondando en la cabeza.

Es ante el conocimiento de la enfermedad de nuestro ser querido cuando aparece esa urgente necesidad de zanjar asuntos pendientes, de expresarles todo el amor que tenemos hacia ellos. Ser capaces de sanar nuestras heridas emocionales o expresar nuestro inmenso amor hacia nuestros seres queridos es una tarea pendiente a la vez que necesaria, que facilitará enormemente el momento de la despedida. Y dada también la certeza indiscutible de no saber en qué momento Caronte (personaje de la mitología griega que traslada las almas al otro lado) nos visitará a nosotros o nuestros seres queridos para llevarnos en su barca al otro lado, ¿Por qué seguir postergando esas conversaciones con las personas de nuestro alrededor a las que tanto queremos? ¿Por qué irnos enfados a la cama, sin pedir perdón, o no decir un te quiero? ¿Por qué tenemos tanto miedo a expresar nuestras emociones y sentimientos en el día a día y sin embargo se convierte en una necesidad vital hacerlo cuando sabemos que alguien va a morir?

Enfrentarnos a la pérdida de un ser querido es sin lugar a dudas uno de los momentos más difíciles a los que tendremos que plantarle cara y cada uno viviremos esto de una manera muy diferente. En algún momento oirás a tu ser querido decir que “si un día llegara a faltar, le gustaría que …”, o quizás que “le gustaría que su entierro fuera en…”, y ¿sabes una cosa? Este es el mejor regalo mutuo que podrás tener y debes valorar.

Podrás acompañar y cumplir los deseos de tu ser querido hasta el final y él te habrá regalado ese sentimiento tan reconfortante en un proceso de duelo como es el sentimiento de estar en paz contigo mismo por haber cumplido sus últimos deseos. No olvides nunca que morimos un poco cada día y que cada día al acostarnos debemos ir con los deberes bien hechos, todas las palabras dichas, los rencores olvidados y los abrazos dados.

Afrontar la pérdida de un ser querido. Preparar la despedida
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