sábado 31/10/20

Alberto Olmos se enfrenta a su paternidad

l El escritor aborda en ‘Irene y el aire’ los miedos frente al hijo
El escritor Alberto Olmos

pilar martín

Irene y el aire es una crónica literaria de lo que le ocurrió durante estos meses. En la actualidad Irene tiene 4 años, y «ya está en el cole», dice Olmos a Efe durante una entrevista telefónica donde de fondo se escucha la alegría de su segundo hijo, un pequeño de año y medio que ahora le hace pensar si no tendrá que escribir otro libro para él por eso de los celos entre hermanos.

Pero el niño «nació con tanta facilidad» que al escritor segoviano, reconoce entre risas, no le da «ni para un relato». Algo absolutamente diferente a lo que le sucedió con Irene, la protagonista de este libro (Seix Barral) que es un saco de emociones, una montaña rusa de reflexiones que van más allá de la paternidad y maternidad.

Porque Olmos (1975) habla de esos miedos que se tienen cuando esperas una nueva vida, esa sensación de que por un momento la vida y la muerte se dan la mano, porque hasta el momento de que vea la luz todo es duda, incertidumbre, angustia y alegría.

«Trato de plantear esa posibilidad funesta que hay en los partos hasta el último momento. Esta aventura no es todo tranquilidad, pueden pasar cosas», afirma Olmos.

«Me apetecía mucho escribirlo porque era un lance muy emocional y muy intenso, y fue también un gran esfuerzo porque quería que el libro tuviera una calidad más allá», matiza.

Aunque «Irene y el aire» cuenta con un final feliz, el «reto» del libro fue contar lo suyo, y pese a que el hecho de ser padre «le pasa a mucha gente», el escritor quería «captar esas sensaciones intensas de un parto».

No solo las suyas, sino también las de su pareja, Eugenia, una mujer «súper informada» que lleva a Olmos, un «infra informado», a desterrar mitos y tópicos a los que se enfrentan durante esta etapa, como el de las «gurús» de los partos.

Y también otros mitos como el de esa seguridad que acompaña a la hora de decidir el hospital donde se quiere dar a luz. Porque todo puede cambiar, como así lo narra, si el bebé llega con complicaciones que te hacen procesionar por diferentes centros de urgencias hasta llegar un hospital, no decidido previamente, donde finalmente se llevará a cabo el parto.

En concreto, este es uno de los momentos donde la angustia se apodera de los protagonistas -y del lector- aunque al final también es el momento donde descubrimos por qué Irene se llama así.

«Una cosa que aprendí -recuerda- fue que lo puedes planear mucho pero luego te sorprendes».

Con altas dosis de ironía, el libro también aborda esos meses previos a la llegada del bebé, esos días en los que no solo hay que cambiar de casa, sino en los que te enfrentas al gigante Ikea para decorarla, o a la decisión de cómo llamar a la nueva criatura antes de conocer su sexo.

Autor de otros libros como A bordo del naufragio, con el que quedó finalista del Premio Herralde, Olmos reconoce que no es «capaz» de catalogar Irene y el aire, pero sí tiene claro que es un «libro especial» que encaja «fuera» de los antes publicados.

Alberto Olmos se enfrenta a su paternidad
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