miércoles 28/7/21

EL AZUL QUE MEJOR SIENTA

El consumo regular de sardinas enlatadas, un alimento económico, fácil de encontrar y preparar y con un alto contenido de nutrientes beneficiosos para el organismo y la salud cardiovascular, tiene un efecto preventivo ante la diabetes más frecuente o tipo 2
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El consumo regular de sardinas tiene un efecto preventivo ante la diabetes tipo 2, según un estudio liderado por Diana Díaz Rizzolo, profesora e investigadora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS), ambos en Cataluña (España).

Los efectos saludables de la sardina y del pescado azul (pescados grasos de mar, como el atún, el bonito, la caballa, el salmón, la anchoa o el pez espada) son reconocidos: sus elevados niveles de grasas insaturadas ayudan a regular el colesterol y a prevenir enfermedades cardiovasculares.

Ahora se ha descubierto que los efectos positivos de este alimento no se acaban aquí, ya que el consumo regular de sardinas tiene también un efecto preventivo ante la diabetes mellitus tipo 2, según explica la UOC (www.uoc.edu). Destaca que los nutrientes presentes en la sardina en altas cantidades, como taurina, omega 3, calcio y vitamina D, tienen un rol protector ante esta dolencia, que afecta a un 14% de la población española mayor de 18 años, según Ciberdem (www.ciberdem.org) y a unos 422 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

«La sardina es sencilla de encontrar y su consumo no sólo es asequible económicamente, sino que es seguro y preventivo ante la diabetes tipo 2. Es un gran descubrimiento científico. Es fácil recomendar su consumo desde la consulta médica y asumible por parte de la población», explica la profesora Diana D. Rizzolo.

El estudio incluyó 152 pacientes de 65 años o más con prediabetes, es decir con un nivel de glucosa sanguínea más alto de lo normal y los participantes entraron en un programa nutricional del que solo una parte de ellos (el ‘grupo de intervención’) añadió a su dieta 200 gramos semanales de sardinas (dos latas de sardinas con aceite de oliva). Se les aconsejó que comieran la sardina entera, es decir, sin sacar el esqueleto, dado que esta parte es especialmente rica en calcio y vitamina D, según la UOC.

«Las sardinas son un alimento de alto valor nutricional tanto si se consumen frescas como enlatadas. su principal diferencia es que si las consumimos enlatadas en aceite de oliva su aporte calórico se verá incrementado», explica la nutricionista Carmen Escalada, del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

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