domingo. 04.12.2022
DESTINOS

Babia, donde el agua suena

Cascadas, arroyos, ríos. embalses... Babia suena a agua. Tiene la mayor concentración de ríos trucheros de la provincia y una gran catidad de cumbres que superan los 2.000 metros de altura, con Peña Ubiña como reina. Tierra Reserva de la Biosfera, pocos saben que su cielo es también Parque Estelar
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Iglesia de Torrestío, digna de ver, del siglo XVIII. CUATRO VALLES

El reloj se detiene al entrar en Babia, porque en esta tierra, Reserva de la Biosfera desde 2004 y Parque Natural, el tiempo discurre al ritmo de las estaciones. El otoño se lleva la palma, al cubrir el valle de belleza y nostalgia. La nieve que blanquea sus montañas de más de 2.000 metros de altura es una delicia para los amantes de los deportes de invierno. Invita a la escalada de sus paredes de roca caliza. Peña Ubina, con sus 2.411 metros, Peña Chana, MontiGüeiru, Cuetalbo, Peña Orniz o la Cervata permanecían bajo hielo hace 10.000 años, lo que motiva el origen del paisaje actual con valles en forma de cubeta, circos y morrenas.

 

En primavera, el valle se cubre de un verde esmeralda irresistible para practicar senderismo. En el Manual del Viajero de Cuatro Valles destacan la rutas Las Verdes, en busca de las fuentes del Sil y por el entorno de Ubiña. En verano es buen momento para zambullirse o pescar en las aguas de sus ríos: El Sil, El Luna y el Torrestío. De su pasado glaciar han quedado un considerable número de vestigios acuíferos, como la Laguna Grande en Lago de Babia, la Laguna de las Verdes en Torre, el Lago del Chao en Riolago y las cuatro pequeñas lagunas de la Mata en Vega de Viejos.

 

Los bosques han desaparecido del paisaje dando lugar a prados verdes. La responsable es la ancestral actividad ganadera y el agua, que se puede perseguir hasta el famoso puente de Las Palomas. Otras actividades para disfrutar de estas montañas son la visita a la Berrea en otoño, el avistamiento de aves y el paseo con interpretación del medio: lavanda, romero, menta, hortelana, musgo… Por las noches, Babia ofrece un espectáculo maravilloso, ideal para la observación de las estrellas. Las mismas que guiaron a los pastores durante cientos de años en la trashumancia. El cielo de Babia está catalogado como Parque Estelar. Para contemplarlo hay que esperar el momento en el que las cumbres se unen con el horizonte. El santuario de Carrasconte, la ermita de Pruneda o la iglesia de Candamuela son visitas obligadas, junto con la iglesia y los hórreos de Torrestío, donde en medio de la espesura de la vegetación propia de las zonas de arroyos y ríos se esconde de los ojos indiscretos una cascada. La Cascada de la Foz.

Caballos pastando en Babia. RAMIRO

Caballos pastando en Babia. RAMIRO

Si Torrestío es mágico, Riolago contiene la esencia de los pueblos de Babia, con sobrias construcciones de mampostería y sillarejo. Al conjunto arquitectónico no le falta de nada: casas campesinas, iglesias e incluso un palacio fortaleza amurallado que perteneció a los Quiñones y que acoge la Casa del Parque Natural de Babia y Luna, donde se muestra una excelente representación de los ecosistemas de la Cordillera Cantábrica.

 

Babia se articula a partir de los Ayuntamientos de San Emiliano y Cabrillanes, famosos por sus caballos que desde antiguo se criaban en los pastos de la Malvosa y Boeriza. Pero también los rebaños de merinas, administrados por los mayorales de estos pueblos, que por su lealtad, conocimiento y buena gestión del ganado trashumante que llegaba por la cañada de La Vizana, impregnaron la comarca de su cultura, folklore, y construcciones como los chozos pastoriles y las roperías de las cabañas ganaderas.

 

Los intrépidos pueden acercarse, además, a la Escuela de Escalada Cuatro Valles en Villafeliz.

Babia, donde el agua suena
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