lunes 23.09.2019

BMW. Una historia… de ‘riñones’

BMW. Una historia… de ‘riñones’

JAVIER FERNÁNDEZ


Asimétrico, tridimensional… personalizado. La inmensa mayoría de los modelos firmados por la Bayerische tienen como denominador común ‘su’ inconfundible parrilla frontal.


Influido por las tendencias de cada época, también por los avances aerodinámicos y la refrigeración de los motores, el diseño ha evolucionado a lo largo de los años: desde las estrechas, esbeltas y sencillas parrillas con rejilla metálica de los pioneros BMW, a los complejos trazos —asimétricos y tridimensionales— que han acabado por influir en la evolución del ‘lenguaje’ estilístico del fabricante.


Salvo los microcoches de los años 50, el célebre Isetta, el modelo 600 y el compacto 700, que prescindían de los ‘riñones’, solamente se fabricaron tres BMW antes de que se adoptara la icónica parrilla: los Dixi 3/15 PS y Dixi 3/15 PS DA, construidos bajo licencia Austin Seven y el 3/20 PS, primer —y único— automóvil totalmente fabricado por la marca sin su característica rejilla. En 1933… el BMW 303, fue el ‘primus inter riñones’.


Ambos riñones tenían entonces un diseño alargado y estrecho, enseñoreándose de todo el frontal: marcos cromados y rejilla metálica en el interior.


Si el 315/1 de 1934 ya lucía una parrilla frontal más inclinada y aerodinámica, no sería hasta la llegada del elegante 328 Roadster, ‘dibujado’ en 1936 por Peter Szymanowski, cuando los ‘riñones’ tomasen carta de naturaleza: aletas delanteras y alojamiento de los faros ganando terreno en la superficie frontal del coche; diseño curvo —herencia aeronáutica— y avances aerodinámicos; marcos cromados enrasados con la carrocería, rejilla interior con una trama más elaborada y cinco grandes barras verticales… por riñón.


El legendario 328 Mille Miglia Touring Coupé, doble ganador de la mítica carrera italiana, llevaría al extremo esa configuración: riñones más delgados, cuatro barras en su interior y fondo negro.


También destacó el diseño del 335 de 1939: barras horizontales oblicuas en su parrilla, con los riñones dispuestos en cuña para una mejor penetración aerodinámica.


En cualquier caso, el objetivo principal de la parrilla es —lo ha sido siempre— canalizar aire fresco hacia el radiador para refrigerar el motor.


El lanzamiento, en 1962, de la ‘Nueva Clase’ BMW —una completa gama de berlinas y coupés— marcaría el inicio de los tiempos modernos en la Bayerische: las formas sencillas y los trazos rectos del pionero 1500, estampillaron las tendencias de los sesenta. Si la ancha parrilla ocupaba todo el frontal, alojando incluso los faros, los riñones continuaban siendo estrechos, alargados y con cinco barras, ocupaban un reducido espacio justo en el centro del morro.


A renglón seguido, el carismático 2002 refinaba ese diseño, mientras el nuevo catálogo de coupés diseñado por Karmann a finales de los sesenta (2800 CS y 3.0 CS) lucieron, por primera vez, la mirada de ‘cuatro ojos’ que acabaría por marcar —institucionalizar— el diseño del fabricante en las siguientes décadas.


El prototipo BMW Turbo (Paul Braq, 1972), adelantado a su tiempo por aquella minúscula ‘kidney grille’, inspiró el ‘brutal’ M1 de 1978 (la decoración de Andy Warhol merece capítulo aparte…) y su influencia llegaría mucho más allá: Z1 de 1988 y Serie 8 de 1989; con los riñones mucho más integrados en el frontal, junto con la rejilla negra y enmarcados en una pieza del color de la carrocería. Los modelos los setenta acabaron por lucir un frontal bastante más clásico y con un ‘lenguaje de diseño’ común a las nuevas Serie 5 (1972), Serie 3 (1975) y Serie 7 (1977), manteniendo la ancha rejilla negra, con el doble riñón sensiblemente más integrado —y destacado— enseñoreándose del frontal y. En la siguiente generación, los ‘ochenteros’ riñones continuaron marcando una tendencia similar: diseño más ancho y redondeado, además de un marco más fino y cromado.


Habría que esperar hasta los 90 para ver una nueva interpretación en el diseño de unos riñones… que se ha mantenido hasta la actualidad: trapezoidales en la Serie 3 de 1990, con la parte superior más ancha que la inferior, con bordes redondeados y un efecto tridimensional que les permitía ‘sobresalir’ del frontal. Muchos antes —dos décadas—, el único BMW Garmisch de 1970 (un concept clásico firmado por Marcello Gandini para Bertone) ya incorporaba unos riñones hexagonales.


También el Serie 5 de 1996 inauguró otro recurso estilístico utilizado hasta hace poco en la mayoría de modelos de la Bayerische: la ‘kidney grille’ que descendía, integrada en una prolongación del capó, hasta tocar el paragolpes.


Tres son las tendencias que BMW ha seguido hasta hoy: la parrilla ganando protagonismo en el frontal de todas las gamas desde el X5 de 1999, ‘incrustada’ entre el capó y el paragolpes delantero (‘invadiendo’ incluso el espacio de ambos). En segundo lugar, unos diseños cada vez más elaborados, con formas más complejas y asimétricas extendidas hacia los flancos (concepto adelantado en 1956 por el BMW 507) con, además, lamas activas que se abren o cierran en función de las necesidades térmicas del motor.


Y, por fin, la última innovación estilística estrenada en el Z4: se obvia el diseño de ‘pura’ parrilla en favor de la malla, tendencia continuada por BMW con los M340i xDrive y M135i xDrive.


La próxima generación X6 protagonizará un paso más allá: parrilla iluminada; la iluminación se activa automáticamente al abrir o cerrar el coche, y el conductor puede encenderla o apagarla manualmente a voluntad, incluso puede permanecer iluminada mientras se conduce, dando así más ‘brillo’ a la ya de por sí llamativa apariencia del nuevo X6.


En cualquier caso, los ‘riñones’, ese icónico símbolo en el imaginario de la Bayerische Motoren Werke… siguen ‘ahí’, junto con la ‘hélice blanquiazul’.

BMW. Una historia… de ‘riñones’