Diario de León
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León

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maría j. muñiz

rSon tiempos de estar pendientes de las cosechas, sí; de las maduraciones, sí; de los planes de expansión y crecimiento, de las apuestas inversoras de prestigiosos vinateros de otros lares... Pero sobre todo son tiempos de sobrevivir. La pandemia ha sacudido con fuerza la base del consumo de los principales vinos de la provincia. El sector hace un llamamiento a la conciencia local: es hora de apostar por lo nuestro con nuestro consumo. Quizá también es hora de que el sector hostelero haga de los caldos de la tierra causa de supervivencia común. Es hora al fin, más que nunca, de levantar la copa (en el bar, en el restaurante, en casa) por la economía de la tierra. En ello va el futuro de todos.

Las sucesivas olas de contagios de covid, también la que ahora atenaza al respiro que debían representar las navidades, han sido latigazos para las cuentas y las previsiones de las bodegas de la provincia. Los principales datos los tienen las dos denominaciones de origen locales (Bierzo y León); pero es una situación que afecta al conjunto de la vitivinicultura de la provincia.

Inmersas además en la complejidad del nuevo proceso de certificación, las dos denominaciones de origen leonesas buscan adaptar sus reservas y su producción, también sus capacidades y su economía, a los vaivenes del consumo al que obliga la nueva situación.

El Bierzo evoluciona no sólo con las crecientes apuestas locales por la adaptación de las propuestas a los gustos de los nuevos consumidores, sino con la llegada de prestigiosos enólogos ya presentes en otras denominaciones, que sienten cada vez más atracción por las cualidades de las variedades de la comarca. Con el desarrollo de productos en variedades hasta ahora residuales, como la merenzao.

La apuesta de la DO Bierzo por la zonificación promete también, en las bodegas capaces de afrontar el reto, una nueva generación de caldos de pagos y cualidades específicas y diferenciadas, algo que cada vez aprecia más el mercado.

La DO León, recuperadas las viñas de la devastación de las heladas de 2017, ajusta la comercialización de unos rosados que ofrecen cada vez más matices, todos muy del gusto de los consumidores leoneses. Son caldos de vida corta, y de consumo muy local; y la pandemia ha cercenado buena parte de sus ventas. Un buen motivo para que el consumidor local se vuelque en estas propuestas, que se complementan con el reconocimiento del albarín y el desarrollo de tintos más complejos y cada vez más equilibrados y mejor elaborados.

Las bodegas leonesas afinan cada vez más propuestas que ponen de manifiesto las bondades de sus variedades. En manos del consumidor leonés está también defender lo que de bueno tienen, cada vez más, las decenas de bodegas y vinos que se ofertan. Qué mejor que brindar por (y con) ellos.

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