martes. 06.12.2022
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domenico chiappe

Dos libros de reciente aparición en librerías —una novela y un ensayo—, se nutren de las cartas que dos escritores intercambiaron, cada uno por separado, con dos mujeres. Uno es el norteamericano William Faulkner, autor de El ruido y la furia, entre otras obras maestras, que escribía a su amante. E l otro el poeta salvadoreño Roque Dalton, cuya obra se ha reunido en distintas ediciones después de su muerte, que le remitía a su exesposa. Las de Faulkner vertebran la ficción Los días perfectos de Jacobo Bergareche (Libros del Asteroide), en la que el narrador, un periodista despechado escribe una larga correspondencia a su amante y otra, más corta, a su esposa. En realidad se trata de un estructurado monólogo interior donde el autor explora los sentimientos de amor y desgaste de una relación asentada, frente a la imposibilidad, y quizás redundancia, de empezar otra probablemente condenada al fracaso después de la pasión inicial.

Faulker no era un hombre intrépido, al contrario, pero en sus cartas, que son reproducidas en su totalidad por Bergareche, se transita del goce alocado —llega a dibujar una viñeta— al tedio que vuelve su prosa casi monocorde. La acción sí estuvo en la vida de Dalton, reconocido poeta después de que la guerrilla salvadoreña, donde militaba, lo ejecutara acusado de «espía cubano». En vida, sin embargo, como descubren sus últimas cartas era un escritor tras los editores morosos conducidos por los mandatos ideológicos del momento.

Desilusión

El relato de sus últimos meses permaneció inédito hasta que Horacio Castellanos Moya las encontró en una investigación y analizó, con algo de metaficción, en Roque Dalton: correspondencia clandestina (Random House). En este ensayo divide la historia del poeta según los temas que trató en sus cartas: la obra, la madre, los amores y la traición. Ambos libros, sin que tengan en común más que unas cartas de otros autores admirados como punto de partida, sirven para establecer analogías literarias. Dalton comparte con Faulkner cierta amargura y desilusión, que en su novela, Bergareche sabe encarnar y profundizar en una edad en que comienza la decadencia humana. Un ocaso que en su ensayo Castellanos Moya, expone con crudeza.

El comienzo del ocaso
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