lunes. 15.08.2022

«Con el comunismo ha habido cierta condescendencia»

l Paloma Sánchez-Garnica, autora de ‘Últimos días en Berlín’
                      Paloma Sánchez-Garnica, durante su reciente visita a la capital de Alemania
Paloma Sánchez-Garnica, durante su reciente visita a la capital de Alemania

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Con el comunismo y el estalinismo ha habido «cierta condescendencia», asegura la escritora española Paloma Sánchez-Garnica, que defiende el papel de la literatura para dar a conocer la historia: «es necesario conocerla, y más con lo que estamos viviendo ahora, para no repetir los mismos errores».

De los totalitarismos nazi y soviético, «dos caras de la misma moneda», trata su novela Últimos días en Berlín, que fue finalista de la última edición del Premio Planeta y de la que habló en una entrevista durante un viaje a la capital alemana con un grupo de periodistas españoles.

En el Berlín de enero de 1933 comienza esta novela cuando Hitler es nombrado canciller alemán, una ciudad que su protagonista, Yuri Santacruz, conoce tras huir de la revolución bolchevique en San Petersburgo, que le ha privado también de su madre y su hermano pequeño.

La puerta de Brandenburgo, el reconstruido Reichstag (Parlamento alemán) y diferentes calles de la capital alemana son algunos de los escenarios en los que transcurre esta novela, en la que la autora aborda los ascensos de los totalitarismos que llevaron a la Segunda Guerra Mundial y cómo afectaron a la vida cotidiana de las personas.

El peligro del totalitarismo, sostiene Sánchez-Garnica (Madrid, 1962), «siempre existe». Y explica los paralelismos que en su opinión existen entre Stalin, Hitler y Putin: «narcisistas, fríos, manipuladores y temerarios. No les importa acabar con los disidentes por los métodos que sean».

Y advierte de que la historia demuestra cómo «todo empieza por algo»: a Hitler, recuerda, se le permitió mantenerse en el poder a pesar de que sus señales antisemitas desde 1933 y en 1938 se le permitió hacerse con territorios.

Ahora, «a Putin se le ha plantado cara pero no sabemos hasta dónde puede llevar», advierte la escritora.

«El peligro siempre existe y no deberíamos nunca bajar la guardia y confiar en que eso no nos va a ocurrir a nosotros: eso mismo pensaron los alemanes, no solo los arios, sino también los alemanes judíos», insiste Sánchez-Garnica.

En su novela, que ya ha sido traducida a cinco idiomas y lleva 9 ediciones, habla de cómo el estalinismo y el nazismo utilizaron el mecanismo del miedo para controlar a la sociedad entorno al discurso del odio frente a enemigos internos y externos.

Y en esta sociedad «ahogada por los totalitarismos y la guerra» sus personajes luchan por la supervivencia y muchos tendrán que huir de su hogar, explica Paloma Sánchez-Garnica junto a la Kronenstrasse de Berlín, donde se sitúa la farmacia de una familia judía que aparece en su novela.

El miedo al diferente siempre ha existido, es «una condición del ser humano», considera la escritora que recalca no obstante que esto «se cura con la cultura y la formación»: «la lectura es uno de los instrumentos con los que podemos luchar contra eso». Importante para enfrentarse a principios como el atribuido a Joseph Goebbels respecto a que «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad», recuerda la escritora. La cotidianidad en tiempos de conflicto de la que habla en su libro lleva a la autora a indicar que «es una condición básica del ser humano la normalización de la tragedia», como ha ocurrido también en la actualidad con la invasión de Ucrania.

También trata en Últimos días en Berlín de los abusos sexuales de los que son víctimas las mujeres y las niñas que sobreviven a una guerra, desde las vejaciones de los soldados rusos tras la victoria hasta la violenta forma en la que poderosos nazis trataban a sus esposas convirtiéndolas en una mera forma de perpetuar la raza aria.

No es la primera vez que Paloma Sánchez-Garnica sitúa una novela en la capital alemana. Lo hizo también en «La sospecha de Sofía» (2019), una ciudad por la que siente fascinación, porque vive tratando de aprender de sus errores, dice: «que el memorial del Holocausto esté en la zona más cara, con una extensión de un campo de fútbol, dice mucho de ellos».

Y si pudiera presenciar un momento de la historia que vivir no duda en elegir la noche del 9 de noviembre de 1989, cuando cayó el muro que dividió Berlín durante 28 años.

«Con el comunismo ha habido cierta condescendencia»
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