miércoles. 08.02.2023

La conexión holandesa del conde Rebolledo

l El noble leonés tuvo una peculiar relación con Joost Van Vondel
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gonzalo garcival

Cuando decíamos que Bernardino de Rebolledo podía haber plagiado al gran luso Camoes (ver Diario de León, 22-11-2020), no más queríamos que reconocer que el mejor escribano echa un borrón. Porque en el fondo imnporta bien poco aquel fallo si acertó en lo principal, como suedía en El alcalde de Zalamea, de tal manera que la figura del esclarecido noble leonés no queda ensombrecida o aminorada por semejante desliz. Sería ingrato por nuestra parte hacer de menos la meritoria labor desarrollada por escritores y estudiosos leoneses respecto al conde de Rebolledo, su vida, su ancha y dilatada obra literaria y su estrecha y cordial relación con la ciudad que le vio nacer y en cuya catedral, es sabido, descansa en un espléndido panteón. Es pues de justicia reconocer y recomendar los trabajos al respecto de Francisco del Río Alonso o de Concha Casado Lobato y F. Llamazares Rodríguez, aparecidos en varias publicaciones de alcance regional y en particular el ensayo de Rafael González Cañal La obra dramática del conde Rebolledo (Institución Fray Bernardino de Sahagún. León, 1988). Sin olvidar aportaciones como la que publicó en Diario de León (25-II1990), ‘Albano Condobrín’, el imponderable ensayista y antiguo profesor de Literatura española en la Universidad de París, paisano nuestro también, Juan Ignacio Ferreras Tascón. Cierto es que todos ellos, a contrapelo a veces del olvido –cuando no del menosprecio— de este insigne leonés, han realzado la proyección de España en Europa durante el reinado de Felipe IV.

Un polifacética excelencia que puede resumirse en la leyenda que firuga al pie de un retrato suyo, dibujado por R. Ximeno, que reza así: «D. Bernardino de Rebolledo, natural de la ciudad de León, conde del S.R.I., consumado politico, esforzado militar y eminente poeta castellano. Murío en Madrid en 1676 a los 80 años de su edad». O en el lema en latín que aparece en otro retrato suyo de 1660 inscrito en la edición de Selva militar y política impresa en Amberes (como la mayoría de su caudalosa bibliografía): Constans in laboribus, laboriosus in otiis o sea, constante en los trabajos, atareado en sus ocios. Y también en los amenes de su existencia, que él mismo condensa de este modo: «Al fenecer el curso de mi vida,/ fenecerán los males que me han dado/ noticia tal de la flaqueza humana./ Que ni temo el morir, ni se me olvida/ que vidrio quebradizo y aun quebrado,/soy ahora y seré polvo mañana

POLIFACÉTICO, POLIÉDRICO, PROTEICO

No son pocas las fuentes que corroboran los muchos méritos de aquel personaje que se relacionaba con la crema de la Cultura europea de su tiempo. Y además mediador decisivo, junto al entonces embajador español en Estocolmo —asimismo leonés de rancio abolengo—, don Luis Pimentel y Blanca, en pro de conversión al catolicismo de su buena amiga la reina Cristina de Suecia. De manera semejante, el papel de influencer cultural que desarrolló en la casa real de Dinamarca —donde se movía con suma familiaridad—, que otorgó a nuestro leonés las más altas distinciones por ser, entre otros motivos, el autor un extenso poema épico, hoy de engorrosa lectura, titulado Selvas dánicas, toda una genealogía de aquella histórica monarquía. De su paso por el país báltico, mayoritariamente de filiación luterana, queda una curiosa huella: el blasón existente en el patio de la casa que ocupó, sita en la calle Store Strand de Copenhague.

Pero ahora nos parece más oportuno resaltar, dentro de las múltiples relaciones de toda especie de Rebolledo, aquella correspondencia que mantuvo con el dramaturgo del Barroco holandés Joost van Vondel (1587-1678). El mismo que da nombre al famoso parque de Amsterdam, el Vondelpark, favorito de hippies y vagabundos de la segunda mitad del siglo XX. Autor del drama épico Gijsbrecht van Amstel, tan popular que hasta hace unos decenios se representaba anualmente al aire libre (algo así como lo que hacíamos aquí con el Tenorio por Todos los Santos). Por el aliento y la intención religiosa se ha comparado a Vondel con el Calderón de los autos sacramentales e, incluso, con el inglés Milton de El Paraíso perdido. No resulta por tanto sorprendente, en el contexto de una vida tan ajetreada como la de Rebolledo, encontrarnos con la confluencia de éste con el literato holandés. Porque esto es lo que nos revela el prestigioso hispanista neerlandés Simon A. Vosters (1925-2015) en un breve ensayo aparecido en la revista Historia 16, titulado Más fuerte que la guerra (Intercambio cultural entre los Países Bajos en la Edad de Oro). Conviene precisar que Vosters, por lo demás autor de un muy apreciado Diccionario Español-Neerlandés, desempeñó una cátedra en la Universidad de Utrecht, donde debió de tratar con su colega el lacianiego Guzmán Álvarez.

¿IN PARTIBUS INFIDELIUM?

Para calibrar la importancia de esa interrelación Vondel-Rebolledo, nos bastará con transcribir unos párrafos del precitado trabajo de. Vosters: «Los dos poetas se encontraron en la capilla de la Embajada española en Copenhague y probablemente debatieron un programa poético contrarreformista.

Poco después Vondel dedicó a Rebolledo La constancia de la Iglesia, instándole a cantar en honor a ella, cosa que Rebolledo hizo en Idilio sacro, loa incluida en la tercera parte de los Ocios. Se trata, en efecto, de un esbozo para su gran epopeya didáctica La Gloria de la Iglesia. Consecuentemente. sostiene el profesor Vosters que, en su entrevista de Copenhague, Vondel y Rebolledo acordaron repartirse dicha tarea apologética, pero el hispanista holandés «deja en el aire un misterio de identidades y autorías que tienen algo de novelesco».

La conexión holandesa del conde Rebolledo
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