viernes 27/5/22

¿CUÁNTO AGUANTARÁ EL MUNDO SIN EL TRIGO RUSO?

La guerra de Ucrania ha disparado al centro del mercado energético con una escalada de precios que se deja notar en no pocos aspectos de la vida cotidiana: desde los desplazamientos diarios en la ciudad hasta la climatización de las casas. Pero tras esta crisis palpable, subyace otra si cabe más preocupante y a la vez relacionada: ¿habrá escasez de alimentos?

Si se tiene en cuenta que Rusia y Ucrania suministraban casi un tercio del trigo y cebada y que consumía el mundo antes de la limitación de las exportaciones, ¿faltarán estos básicos de las despensas del mundo?, ¿podrán afrontar la subida de precios todos los países por igual? La pregunta sobrevuela en la opinión pública y lo cierto es que los organismos internacionales que tienen algo que decir en materia de alimentación están analizando los escenarios a medio y largo plazo, en previsión de que la ofensiva rusa sobre Ucrania se alargue en el tiempo. Pasados más de dos meses desde el estallido de la guerra, el foco se ha puesto en los países más pobres que importaban trigo a los países en conflicto y que se ven obligados a enfrentar, sin apenas recursos, una subida de precios de esta materia prima. Así, las acciones internacionales se encaminan a evitar que la sombra de la hambruna se alargue más sobre las regiones más vulnerables del continente africano.

Hace unas semanas, la UE anunció, por ejemplo, que había incrementado en 67 millones su aportación prevista a la ayuda humanitaria para las regiones de Sahel y el lago Chad hasta elevar su contribución a estas zonas a 240 millones de euros en 2022. El objetivo, frenar «la inminente crisis nutricional».

Presión sobre los más vulnerables

«La brutal invasión rusa de Ucrania ha provocado enormes subidas de los precios de los alimentos y agravado el riesgo de que escaseen. La inseguridad alimentaria aumenta inevitablemente la inestabilidad y las desigualdades. Hoy intensificamos nuestro compromiso político y financiero con los países de las regiones del Sahel y del lago Chad, donde millones de personas ya sufren graves dificultades y que podrían convertirse también ellas en víctimas de la guerra de Ucrania si no actuamos con rapidez», valora el alto representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell. La oenegé Acción Contra el Hambre también señala como víctimas más directas de la situación geopolítica internacional a la República Democrática del Congo y Madagascar. «Ambos dependen al 100% de las exportaciones de trigo de Rusia y Ucrania», afirman desde la citada organización.

Además, las economías africanas dependían de las exportaciones a Rusia de productos como el café, el tabaco y las frutas, que se han detenido, tocando de lleno los frágiles sistemas financieros de algunas regiones. Así, más que carestía alimentaria se puede hablar de falta de recursos para afrontar un encarecimiento de precios. «El problema del hambre en algunas regiones africanas es antiguo y tiene más que ver con la seguía y otras circunstancias geopolíticas añadidas», valora José María Sumpsi, miembro del grupo de alto nivel de expertos del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO.

En Somalia, Kenia, Etiopía, aproximadamente 13 millones de personas se despertaban con hambre severa todos los días, según la citada oenegé. Ahora, «dada su dependencia de las importaciones ucranianas y rusas, los precios de los alimentos se están disparando y esto supone el acceso a la nutrición básica aún más fuera de su alcance».

El Magreb y Oriente Próximo, dependientes por su cuscús Según datos de la citadas oenegé, en 2020, los países africanos importaron 4 mil millones de dólares en productos agrícolas de Rusia y 2.9 mil millones de dólares de Ucrania, con el Cuerno de África como el principal destino. «Tras evaluar el mercado en Mogadiscio (Somalia) hemos encontrado un aumento del 50% en el precio de la harina en las últimas semanas. A esto se suma que las economías africanas también dependían de alrededor de 5 mil millones de dólares en exportaciones de productos a Rusia», valoran. Las posibilidades de ayuda también se resienten. Lo explica Isabelle Robin, directora regional de operaciones para África Central de Acción contra el Hambre: «Con el aumento de los precios de los combustibles y las materias primas, es posible que no podamos comprar y transportar tantos alimentos y artículos no alimentarios como se esperaba. Es posible que tengamos que reducir nuestra asistencia». Estos son los signos de que la guerra «exacerba» la crisis alimentaria de estas regiones ya de por sí graves pero, apostilla Sumpsi, no hay un escenario inminente de gran hambruna por escasez como tal de alimentos en este continente si, como señala, la base alimenticia de la población pasa mayoritariamente por el maíz, el mijo o la tapioca, más que por el trigo o la cebada. ¿Cómo están las reservas mundiales de trigo? En este sentido, valora el experto de la FAO, donde sí ve una vulnerabilidad mayor es en los países del Magreb (Túnez, Marruecos, Argelia...) y de Oriente Próximo (Turquía, Egipto, etc.), donde su consumo de este cereal, por su tradicional y básico cuscús, es crucial. También se dejará notar en Bangladesh.

Cuanto más se alargue la guerra, más presión sufrirán los países señalados. De ahí que las previsiones de la citada entidad internacional se hagan a corto, medio y largo plazo. Porque, en puridad, nadie sabe cuánto durará la guerra. «Ahora mismo no se puede decir que haya una situación dramática para el mundo», valora Sumpsi. Las reservas mundiales de trigo están casi al 30%. No es el nivel óptimo del 35-40% en el que se encontrarían en condiciones normales, pero «es aceptable porque con esta cantidad se pueden bordear los próximos meses, hasta junio que llegue la cosecha». Para poder hacerse uno la idea de cómo se encuentra el ‘stock’ mundial, esta reservar bajó al 15% la gran crisis de 2008, su mínimo en 30 años.

¿Y si la guerra se alarga? Nadie puede vaticinar si esto puede volver a pasar, pero los expertos de la FAO también valoran escenarios peores en los que las cosechas de trigo de junio sean malas (las condiciones climatológicas tampoco ayudan a veces) o la guerra se prolongue y las exportaciones rusas continúen vetadas por un tiempo indeterminado.

En el medio plazo, y si las cosechas fuesen malas, la situación sí podría catalogarse de complicada. ¿No hay alternativa al llamado ‘granero del mundo’? «Lo cierto es que a medio plazo hay países que podrían cubrir el hueco que dejan Ucrania y Rusa. Estados Unidos y los países del Mercosur tendrían este potencial. Nos consta que esta posibilidad se contempla y ya se hacen movimientos en estos países para prepararse para poder dar respuesta a medio plazo para aumentar su capacidad productiva», afirma Sumpsi, también catedrático e investigador de la Universidad Politécnica de Madrid.

En esta posibilidad de redoblar la producción para exportar y abastecer al mundo tienen mucho que decir los fertilizantes nitrogenados, claves para el rendimiento de las cosechas. Y aquí es donde este experto ve el principal problema: «Rusia controla el 60% del comercio de este producto, cuya exportación no ha vetado de momento. Si realmente llegáramos a una situación en la que Rusia decidiera prohibir la salida de estos fertilizantes sí tendríamos un serio problema», concluye.

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