lunes. 03.10.2022
Julio César Rodríguez Lago | Profesor de Economía Financiera

«El declive económico de León no se explica sin connotaciones políticas»

El profesor de la Universidad, de la que acaba de obtener el jubileo, explica en esta entrevista que León ha entrado en una economía de la tercera edad por la que uno de cada tres habitantes vive de una pensión. ¿Se convertirá León en una cola del hambre subvencionada?
El profesor de
Economía
Financiera de la
Universidad de
León, Julio Lago
El profesor de Economía Financiera de la Universidad de León, Julio Lago

Su capacidad crítica y la visión que aportan los más de 30 años de perspectiva para analizar la historia económica convierten al profesor Julio César Rodríguez Lago en un referente para comprender qué perspectivas de crecimiento tiene la provincia. Las proyecciones que realiza no son halagüeñas. Pinta un horizonte de descenso brutal en el PIB debido a la desaparición de los pensionistas que hoy son clave en el mantenimiento de la economía de servicios de León y señala a la Junta de Castilla y León como colaboradora necesaria en la depresión poblacional y financiera de la provincia.

— Hace treinta años León tenía un monocultivo basado en el carbón que daba empleo a 20.000 personas, 20.000 personas que ha perdido la provincia desde entonces. Uso el dato para preguntarle qué modelo eligieron entonces los políticos para León. Más que nada porque ya se sabía en los 90 que el carbón autóctono no era rentable y que llevaría a la ruina la economía, que no tenía recambio.

—Desde 1991, año que marca el principio del fin de la industria del carbón, no hubo una planificación seria e inmediata para definir nuevas formas de generar riqueza y empleo en la provincia de León. Prácticamente hasta 2006, 15 años después, no surgieron iniciativas empresariales relevantes que marcaran un nuevo rumbo económico. Me refiero a la inversión logística que realiza Inditex en el polígono industrial de Onzonilla, el nacimiento del Inteco, hoy Incibe, en el barrio de La Lastra, la inauguración del Parque Tecnológico de Armunia, la puesta en marcha de la Ciuden en Ponferrada más los polígonos de Villadangos del Páramo y Cubillos del Sil.

—Los fondos que deberían haber sido utilizados para crear una economía alternativa, un recambio a la minería, se usaron como gasto corriente. ¿Actuó la Junta con premeditación y alevosía?

—Nos han sisado los fondos del carbón y la Junta los utilizó para financiar su gasto ordinario en carreteras, sanidad o educación. Es decir, no hubo adicionalidad y no se generó un tejido económico capaz de sustituir al carbón. El problema es que no hay transparencia porque los políticos son conscientes de que hicieron un uso impropio de esas subvenciomes. Y eso supone una deuda que tienen con el territorio de cientos millones de euros.

—¿Fue premeditado y consciente a su entender?

—Está claro que no benefició a Léon y sirvió para mejorar el bienestar de otras provincias, que no sufrieron el declive de las minas. Eso nos debilitó. A ellos les llegó un plus de fondos que distrayeron porque, entre otras cosas, desde aquí no se les requirió de manera fehaciente. Lo hicieron con premeditación. ¿Intencionalidad? Pues si, porque eran conscientes de que el uso era impropio. Hubo una comisión de los fondos Miner que no llegó a ninguna conclusión.

—Las minas a cielo abierto, que destrozaron el ecosistema de la provincia, van a ser sustituidos por parques de aerogeneradores y macropolígonos solares que no sólo destrozarán el paisaje sino queconvertirán León en la zona de España dedicada a reciclar todos los contaminantes necesarios para mantener en marcha esa economía verde.

—Tal y como están planteados, los masivos anuncios de proyectos de inversión en energías renovables, fundamentalmente parques eólicos y huertos solares, encierran no pocos peligros e inconvenientes para la provincia de León. No se cansan de advertirlo las diferentes plataformas ciudadanas que se constituyen para reclamar cordura y sensatez ante el despliegue de este tipo de instalaciones en lugares de reconocido valor ambiental. La montaña central leonesa, el Bierzo Oeste, La Cabrera, la Maragatería, la Valduerna, entre otros espacios, rechazan, no sin razón, iniciativas empresariales que amenazan con destruir su patrimonio natural. Quizás uno de los pocos recursos que les quedan para desarrollar la economía más apropiada a su territorio. En esta batalla veo muy poco amparo de la Diputación. Su presidente no puede ponerse de perfil ante una agresión tan mayúscula. Molinos de viento con alturas que pueden llegar a los 200 metros y paneles solares a lo largo y ancho de cientos de hectáreas dejan claro cuál es su impacto. Daños más que notables para que el máximo responsable de la institución provincial haga valer con firmeza los legítimos argumentos de estas comarcas ante la Junta de Castilla y León y el Ministerio de Transición Ecológica, administraciones que deniegan o autorizan estos proyectos.

—A ello hay que unir el desplome agrícola ¿Cómo se ha apagado el motor del campo para la economía de León?

—La actividad agro ganadera tuvo tiempos mejores. La producción cárnica y láctea ha reducido su presencia en los pueblos, con todo lo que ello supone de negativo para combatir la creciente despoblación de las áreas rurales. En materia de cultivos de regadío es destacable como el maíz desbanca en liderazgo a la remolacha azucarera. No obstante, creo excesiva la apuesta que los agricultores leoneses están haciendo por el maíz. La ciencia económica enseña que no es conveniente poner demasiadas manzanas en un mismo cesto.

—Hemos visto como la crisis de la banca ha hecho descender la renta per capita en la provincia al ser uno de los sectores con mayor retribucíón salarial. Además, el trabajo en la provincia se ha orientado hacia el precariado económico. ¿Qué salida tiene esta situación?

—Una primera medida para combatir la precariedad económica pasa por fijar sueldos razonables. En este sentido, el aumento del salario mínimo interprofesional me parece una decisión acertada. A este respecto hay que tener en cuenta la existencia de un acuerdo, recogido en la Carta Social Europea suscrita por España, para que de manera progresiva esta retribución laboral llegue a alcanzar el 60% del sueldo medio de nuestro país. Esto supondría cobrar un salario mínimo ligeramente superior a los 1.000 euros mensuales.

—Otro tope que tiene León es que carece de funcionarios de alto nivel, lo que empobrece también el PIB

—Actualmente, manejando datos oficiales que elabora el Ministerio de Política Territorial y Función Pública, son más de 6.000 empleados públicos los que tiene Valladolid con respecto a León por centralizar todas las Consejerías. Dentro de esta amplia nómina de trabajadores autonómicos se encuentra el personal técnico y administrativo de mayor nivel salarial. Esto supone una alta generación de rentas que, en buena medida, se gasta en la ciudad y provincia vallisoletana, fortaleciendo notablemente su economía.

—Y eso me lleva a la siguiente pregunta ¿Hasta qué punto Léon vive de las clases pasivas y qué supone eso en un horizontes de diez años?

—En la provincia de León se pagan algo más de 140.000 pensiones. Debe considerarse que en algunos casos los perceptores de las mismas son personas solas, pero en otros casos la nómina de un jubilado mantiene a un cónyuge e incluso a hijos. Un análisis de todas estas posibilidades sitúa en torno a 168.000 el número de ciudadanos dependientes de la Seguridad Social. Puesto que la provincia de León alcanza una población de 459.000 habitantes la conclusión es fácil: 1 de cada 3 leoneses vive del cobro mensualizado de una pensión. El diagnóstico es muy preocupante. Si en un plazo de diez años las rentas de los pensionistas que van falleciendo no se sustituyen por sueldos de personas en activo, trabajando, los ciudadanos con capacidad de compra serán cada vez menos. A su vez esta tendencia perjudicará la actividad de las empresas leonesas al disminuir el número de potenciales compradores de sus productos y servicios. Todo ello nos llevaría a una situación de más empobrecimiento, de menor prosperidad.

— ¿Cuál es realmente la población activa que tiene León?

—Conceptualmente la población activa se define como el número de personas en edad de trabajar de un territorio. Engloba, por tanto, a dos grupos sociales: los empleados y los desempleados. Los informes oficiales que elabora el Instituto Nacional de Estadística sitúan actualmente la población activa de la provincia de León en torno a 200.000 personas. De esta cifra, sobre 170.000 serían ocupados y los 30.000 restantes englobarían el colectivo de parados.

—En otras capitales, la Universidad es la urdimbre de tejido económico. Sin embargo, aquí eso no ocurre ¿Una Universidad sin carreras como Telecomunicaciones o Medicina es una universidad de verdad?

—Sin desmerecer la actual oferta de estudios superiores que realiza la Universidad de León no cabe duda que, ante el auge que están experimentando las tecnologías de la información y comunicación, y ante una creciente demanda de profesionales que mantengan y recuperen la salud de los ciudadanos, la implantación de carreras como Ingeniería de Telecomunicaciones y Medicina harían que nuestra Universidad ganara estatura como institución académica. La facultad de Medicina reforzaría el cluster biofarmacéutico y biosanitario, mientras que Telecomunicaciones haría lo propio con el tecnológico. A  Migue Angel Turrado le escuchado miles de veces que necesita ingenieros de Telecomunicaciones. Habría que hacer el esfuerzo. pero tenemos el yugo de Valladolid que nos penaliza mucho.

—La visita de la presidenta de Adif ya ha destapado lo que sabíamos, que Torneros se quedará como un terreno baldío. ¿Qué decisiones han llevado a que estemos en esta situación? ¿Tiene algo que ver la apuesta por Vigo como salida marítima hacia Francia en detrimento de Gijón y el Cylog, que privilegió Valladolid en lugar de León?

—Torneros va camino de ser un mayúsculo engaño por decisiones políticas que han tomado tanto el gobierno de España como la Junta de Castilla y León. Ambas administraciones están potenciando las infraestructuras de Valladolid para que esta ciudad sea el polo logístico y alimentario del noroeste español. Hay que recordar que la Junta de Castilla y León prometió en 2017 un parque agroalimentario en el Bierzo. Han pasado cuatro años y no se ha hecho nada. Es más, es un proyecto que en mayo de 2021 ha sido descartado por el Consejero Suárez-Quiñones. Respecto a la rivalidad entre los puertos de Galicia y Asturias, considero que lo realmente relevante para la economía leonesa es que el transporte ferroviario de las mercancías descargadas en los puertos gallegos se conecte con el Corredor Atlántico a través de la provincia de León. Para ello es imprescindible modernizar la vía de tren que discurre entre Ponferrada, Astorga y León, y muy concretamente suavizar las fuertes pendientes del puerto del Manzanal hasta Torre del Bierzo.

—¿Qué supone para León perder el protagonismo de nudo del noroeste?

—Supone perder una importante generación de riqueza por la creciente importancia que está adquiriendo la logística en el funcionamiento y organización de las empresas. En la actualidad la manipulación, almacenamiento, transporte y distribución de mercancías es una fuente de empleo que está contribuyendo de manera decisiva a revitalizar territorios. Ahí están los casos de Zaragoza, Guadalajara o Illescas en la provincia de Toledo. La provincia de León, de no cambiar las decisiones políticas, va camino de quedarse sin esta clase de impulso económico a pesar de ser el centro de la esquina noroeste.

—¿Nuestra salida económica debe mirar hacia el Atlántico?

—Sí, la conexión con el Corredor Atlántico resulta vital para apuntalar el futuro económico a medio y largo plazo. Pese a que su ejecución va más retrasada que el Corredor Mediterráneo, resulta imprescindible engancharse a un eje que vertebrará todo el cuadrante noroeste español con Europa

— ¿Cómo afecta la ruina económica que vive la provincia en la irrelevancia política? ¿Y al revés?

—El declive económico que registra la provincia de León, avalado por prácticamente todos los informes oficiales, no se puede explicar ni entender sin connotaciones políticas. De manera general, y constato que es un pensamiento ciudadano muy extendido, el nivel, la talla de nuestros gobernantes deja mucho que desear. Tener una adecuada formación y un verdadero grado de compromiso con la provincia que te elige son todavía asignaturas muy pendientes. Salvo contadas excepciones nuestros representantes, léase diputados, senadores, procuradores o alcaldes, han defendido más a su partido que a su territorio, actuando de manera muy servil con el fin de no perjudicar su carrera política. Ahora bien el contrapunto a esta situación es que los dirigentes son elegidos por los ciudadanos, y los ciudadanos cada cuatro años votan. Es ahí donde se tiene que llevar el descontento si de verdad se quiere desterrar la irrelevancia de quienes nos representan. El castigo en las urnas es el único mensaje que entiende la clase política. De no actuar así, de nada sirve luego quejarse.

— Qué decisiones políticas se han tomado últimamente para privilegiar el polo desarrollado en Valladolid?

—Fundamentalmente dos. La primera decisión es una apuesta decidida por convertir a Valladolid en el nudo logístico del cuadrante noroeste peninsular. El gobierno de España, a través del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, programa una serie de inversiones que, de consumarse, conseguirían anular la estratégica situación geográfica de la provincia leonesa para canalizar el tráfico de mercancías hacia los cuatro puntos cardinales del país. La segunda, es el firme compromiso por parte del Ministerio de Industria de apoyar la construcción de un macro parque agroalimentario en la capital castellana. Se le otorga el calificativo de proyecto de país, lo cual significa que recibirá fondos europeos para su ejecución. A estas dos medidas habría que añadir el bloqueo de la autovía León-Braganza por parte de la Junta de Castilla y León, ya que se concibe como una amenaza para el objetivo final de encumbrar a la ciudad vallisoletana como centro neurálgico del noroeste.

—¿Cómo afectaría a León tener autonomía?

—Los efectos positivos que tendría para la provincia de León ser una autonomía, hecho ya considerado en los años ochenta, son fundamentalmente cuatro. En primer lugar conseguiría una mayor capacidad financiera. El análisis de los presupuestos elaborados y administrados por la Junta de Castilla y León demuestra que la provincia leonesa no recibe los fondos que objetivamente le corresponden por población y superficie. En segundo lugar ganaría capacidad de decisión, es decir, dispondría de poder para gestionar el mejor uso y destino de su presupuesto. Hoy depende de criterios y acuerdos que se adoptan en Valladolid. En tercer lugar lograría capacidad de interlocución, es decir, conseguiría voz propia para exponer, reivindicar y defender sus intereses, sus problemas y sus posibles soluciones ante otros organismos y administraciones. Por último, ser autonomía permitiría ganar visibilidad. En la actual comunidad autónoma la provincia de León queda oculta y se asocia con Castilla.

—¿Qué estructuras tendríamos que poner en marcha para optar a la autonomía?

— Resumo las conclusiones básicas de un Informe Técnico realizado sobre la creación de una Autonomía Leonesa uniprovincial. Aconseja practicar una administración descentralizada, con reparto de instituciones y sedes entre León y Ponferrada. La creación del Parlamento Autonómico exigiría menos representantes políticos. De los 38 actuales se pasaría a poco más de 30. La estructura de gobierno, constituida por un presidente, un vicepresidente y ocho consejeros, seguiría pautas de organización de otras Comunidades Autónomas. El presupuesto provendría de la financiación que anualmente maneja la Junta de Castilla y León. León recibiría los fondos que objetivamente le corresponden por población y por tamaño de su territorio. No sería necesario aumentar el personal al servicio de las administraciones públicas. Se consolidarían los empleados de la Diputación Provincial y de la Junta de Castilla y León que ya desempeñan su trabajo en la provincia leonesa. Hay vías legales, recogidas en la actual redacción de la Constitución española, para crear una autonomía leonesa. No es lo mismo que la interlocución la tenga un presidente de la Diputación que un presidente.

—O sea, que lograríamos capacidad financiera, interlocución ante Madrid y Bruselas y capacidad ejecutiva.

—Y visibilidad. Negar la autonomía es una equivocación. ¿Qué pasaría si pudiéramos gestionar desde aquí los fondos que están a punto de llegar de Europa? Esperemos a ver el reparto de la Junta. ¿Habrá transparencia o ocurrirá como con los fondos Miner? ¿Qué infraestructuras se primarán?

«El declive económico de León no se explica sin connotaciones políticas»
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