lunes 18/10/21

Desde la desnudez y la transparencia

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josé enrique martínez

En 2012 publicó Carlos Iglesias (Oviedo, 1983) El niño de arena y en 2018 Pájaro herido. Los reúne ahora, como «balance provisional» y «puerta hacia nuevos caminos», en El peso del silencio, título que responde a su entendimiento de la poesía como palabra que deja campo a la intuición y la imaginación del lector. El propio poeta lo ha formulado en unas palabras preliminares en las que indica que sus poemas brotaron del «sedimento literario, vivencial y musical» que representaron nombres como Ángel González, Gamoneda y Fernando Beltrán, entre otros, más Aute, Amancio Prada y algunos más. La poesía le sirve para buscar, desde su primer libro, «una posición en el mundo» que juzga que puede lograrse desde «la desnudez, el despojamiento y la transparencia», sabiendo que en un poema es más importante lo que se calla que lo que se enuncia.

Entiende Carlos Iglesias la poesía como la unión de claridad y misterio, con vías abiertas a la intuición: «en revelar el origen de todo aquello que nos rodea reside la misión de la poesía». Si en los últimos tiempos ha vuelto los ojos a la generación de Panero y Rosales es porque son poetas que ofrecen los rasgos esenciales de lo que para él es el poema: «una misteriosa claridad, un sustrato de ternura y compasión, y un compromiso emocional —antes que social— con todo aquello que nos rodea».

Caracteriza a la poesía de Iglesias la brevedad y el laconismo. Los poemas punzan al lector con la imagen apretada e intensa: «La palabra / -lobo- acecha». El contenido cifrado provoca el deseo de descifrar lo que dice y lo que se vislumbra. El poema Navajas, por ejemplo, no nombra el miedo, pero crea la atmósfera del mismo. Otras composiciones de El niño de arena exhalan el aroma del haiku: «Cuando la luna / despliega sus alas, / en tus párpados / capturo mariposas»; aparece ese tú, meta de los poemas amorosos que, al fin, conduce al adiós, «tu ausencia / para siempre». Pájaro herido lo concibe el poeta como un único poema en fragmentos que, unidos, «vertebran un discurso amoroso y erótico»; la concisión se extrema, y los poemas son especie de instantáneas, captación del momento único que se desea salvar, con unidad de forma, de visión e imaginería. El pájaro herido —acaso con la imagen de Ícaro al fondo— no está, sin embargo, muerto y las llagas de amor se resuelven en la estabilidad de los versos finales: «y al fondo, / siempre tú: / mi mundo en equilibrio».

Desde la desnudez y la transparencia
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