miércoles 5/8/20
Filandón

Un detective del emperador en la Legio VI

El exterminio del castro de vadinia, el temor a la ruptura de la pax romana y un ‘detective’ elegido por el césar para esclarecer los hechos forman la trama de ‘Cartas desde Legio’, primera novela del magistrado Álvarez de Toledo
El magistrado Lorenzo Álvarez de Toledo sostiene su novela. JESÚS F. SALVADORES
El magistrado Lorenzo Álvarez de Toledo sostiene su novela. JESÚS F. SALVADORES

La primera novela del magistrado leonés Lorenzo Álvarez de Toledo comienza con una gran mentira. Estrabón jamás pisó Hispania. Sin embargo, viajará al campamento de la Legio VI Victrix para llevar a cabo una misión secreta encomendada por el emperador Octavio Augusto. La pax romana que el césar ha sellado con algunas tribus rebeldes está en peligro, después de que todos los habitantes del castro de Vadinia hayan sido exterminados. El célebre historiador de origen turco y formación griega deberá esclarecer un caso sin testigos y buscar al culpable o culpables.

Estrabón, que fue un gran viajero de su tiempo y recorrió gran parte de los territorios del vasto Imperio Romano, nunca visitó Hispania, aunque le dedicó el tercero de los diecisiete tomos de su colosal Geografía, basándose en los testimonios de Polibio, Posidonio y Artemidoro. La admiración que Álvarez de Toledo siente por el autor griego, con quien comparte la pasión por la mitología, le llevó a convertirlo en protagonista de Cartas desde Legio (Editorial Adarve), su primera incursión en la novela, con la que quedó finalista del premio Hispania de Novela Histórica.

«He cumplido las reglas de la novela negra, incluida la vuelta de tuerca final. No me guardo ningún as en la manga»

Al magistrado de la Audiencia Provincial de León siempre le interesó la historia de ‘la covada’ que cuenta Estrabón a propósito de los ‘pueblos íberos’, una tradición ancestral que hasta hace poco se mantenía en algunas comarcas leonesas. Tras dar a luz, la parturienta volvía a sus labores, mientras el marido se encamaba. Explica Álvarez de Toledo que astures y cántabros eran sociedades matriarcales, al contrario de la Roma patriarcal, de ahí las dificultades para que los pueblos ‘bárbaros’ se sometieran al poder del Imperio.

En el campamento de la Legio VI, predecesora de la VII Gemina, Estrabón se paseará por los barracones de los soldados y recorrerá las tabernas y tugurios de la cannaba, donde se asienta la población civil. Álvarez de Toledo confiesa que hay mucha documentación sobre la vida en los campamentos romanos, pero prácticamente nada sobre las ‘ciudades’ que los rodeaban. «No pretendo ser exacto», dice. «He tenido que tirar de imaginación para recrear cómo era la vida extramuros». Los romanos —cuenta— viajaban con sus esposas, con sus concubinas, con toda su familia, y con ellos una corte de vendedores, peluqueros, taberneros, esclavos, artesanos...

Estrabón también asistirá, en nombre del emperador, a una encuentro entre tribus cántabras y astures, los últimos rebeldes de una Hispania que Roma tardó una década en doblegar.

El médico de los muertos

El investigador del césar viajará además a Las Médulas, donde ningún esclavo sobrevive más de nueve meses, para buscar al único que ha conseguido ‘vencer’ a las inhumanas condiciones de la gran mina aurífera. Asimismo, contará con la inestimable ayuda de Laertes, un ‘doctor que habla con los muertos’, un forense del siglo I antes de Cristo, que le ayudará a averiguar cómo han muerto los habitantes del castro de Vadinia.

Cartas desde Legio tiene todos los ingredientes del género negro clásico, incluida «la vuelta de tuerca final». «El narrador no se guarda un as en la manga, sabe lo mismo que el lector», asegura el autor, cuyo propósito inicial era hablar de León en su ópera prima. Estrabón le ha dado juego para abordar la mitología. «Acude a un templo a rezar a Zeus (el Júpiter de los romanos), porque tenía obsesión por las cuestiones religiosas, como yo», confiesa Álvarez de Toledo.

El libro, que tiene como telón de fondo las guerras astur-cántabras, concluye con la ‘solución final’ del general Agripa, que acabará masacrando en el año 19 a de C. a las últimas tribus rebeldes de Hispania en el territorio comprendido entre León, Asturias y Cantabria. Julio César había doblegado toda la Galia en menos tiempo. «Le costó más someter a los belgas que a los galos», dice Álvarez de Toledo. Para un romano supersticioso, por muy emperador que fuera Octavio Augusto, Hispania no era un buen territorio, sobre todo después de que en la campaña el año 25 a. de C. contra las tribus del norte le cayera un rayo junto a su litera, por lo que se retiró a Tarraco.

Cartas desde Legio, como toda buena ópera prima, contiene muchos de los elementos que le interesan al autor. Su afición por el mundo romano surgió de niño, con los cómics de Astérix y Obélix. Luego se empaparía de la historia de Roma a través de los seis tomos escritos por la neuróloga australiana Colleen McCullough, bajo el título Masters of Rome (Señores de Roma). Confiesa su admiración por escritores como Eslava Galán y Arturo Pérez-Reverte.

Álvarez de Toledo tiene otras dos novelas sin publicar, una sobre Lucas de Tuy; y otra que gira en torno al psicoanálisis. Sin embargo, es autor de numerosos relatos, como La mujer de un millar de dirhams, que se alzó con el premio de relatos cortos sobre Derechos Humanos que convoca Amnistía Internacional. Asimismo, ha recibido varios galardones por obras de contenido jurídico.

Un detective del emperador en la Legio VI