martes 24/5/22

Alfredo valenzuela

Editor de Max Aub, poeta, impulsor del género aforístico que él mismo práctica, director del sello Los Cuadernos del Vigía, Miguel Ángel Arcas aprovechó el encierro de la pandemia, que pasó en París, para estrenarse como diarista con Cuaderno de Choisy (Fórcola), unas páginas poéticas, conmovedoras, según su idea de que la literatura debe «contar y cantar».

Miguel Ángel Arcas (Granada, 1956) ha dicho que el confinamiento ha dado mucha literatura, pero que «habrá mucho más en el futuro, porque esto no ha acabado y esta sensación distópica permanece aún entre nosotros».

«La pandemia está siendo un hito en nuestra vida y eso no pasa desapercibido para la literatura; aunque seguro que permite una particular reflexión sobre las condiciones y el sistema de vida de nuestras sociedades, para mí, en este momento, ha sido sólo un pretexto para hablar de cosas muy diversas de carácter personal, pero también de naturaleza social, ecológica o política». El editor y poeta ha escrito estos diarios en uno de los apartamentos más elevados de una alta torre parisina, un lugar desde el que, sin embargo, evoca la Granada de su juventud rebelde o el Cabo de Gata de sus veranos tranquilos.

«Escribo sobre los lugares en que he sido feliz; todos tendemos a recordar lo que nos queda de felicidad; así que era lógico que hablara de estos lugares; pero también de París, donde llevo ya unos años y que también forma parte de mí. Como dice Ribeyro, podemos concebir un espacio sin tiempo, pero no un tiempo sin espacio».

Trufados de recuerdos, en estos diarios se habla tanto del presente como del pasado, aunque el autor matiza:»También el futuro está de alguna manera eludido, ahí detrás, esperando. Me parece que al futuro, tal y como están las cosas, no le gusta llegar». Es un libro autobiográfico porque «el pasado es el peldaño que primero hay que pisar».

Diario de un confinado
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