jueves 27.02.2020
Revista

El genio de los amplificadores

Todo comenzó con un regalo de su abuela: una guitarra eléctrica que le sumergió en el mundo de la electrónica y del sonido. Con ella empezó un proceso natural que ha llevado a Miguel Santiago a diseñar todo tipo de aparatos, desde lo de dentro hasta el acabado final y a hacerse conocido en el panorama musical leonés
MIguel Santiago, en un rincón de su taller. RAMIRO
MIguel Santiago, en un rincón de su taller. RAMIRO

Lleva cinco años dedicándose a estudiar, reparar y fabricar equipos de audio y especializándose en las piezas ‘vintage’ y en la fabricación de sus propios diseños a válvulas. Podría decirse que Miguel Santiago es un genio de los amplificadores y de los aparatos de sonido en general. Su taller está abarrotado de prototipos que le han servido para dar forma a sus diseños y, sobre todo, para estudiarlos.

Santiago es un viejo conocido en el panorama musical leonés. A él han acudido músicos, tiendas y compra-venta de instrumentos, además de un montón de nostálgicos para que les ponga a punto el viejo tocadiscos familiar para volver a escuchar los discos de vinilo que vuelven a ponerse de moda.

También fabrica amplificadores y aquí tiene como principales clientes a guitarristas. «Vienen buscando unos sonidos y unas características que quizás no hayan encontrado hasta ahora. Quieren una calidad de construcción superior, personalización y un trato más cercano a la hora de hablar y entender su sonido», explica.

Su pasión por los equipos de música le lleva a recorrer rastros y a curiosear en busca de radios a válvulas o cualquier pieza que le pueda ser de utilidad para sus composiciones. «Sobre todo lo que está en peor estado, porque así no tengo tantos remordimientos en despiezarlos y volverlos a juntar de otra forma», apunta.

Asegura Miguel que cuando unes un par de transformadores, por ejemplo, ya tienes una base y mil ideas para empezar. «Puedes hacer un amplificador, una reverb, un previo...y dentro de cada una de ellas se abren otras ramas».

Su atención al detalle es obsesiva y eso le ha llevado a que el público aprecie de verdad su trabajo, que se ha ido profesionalizando con el tiempo.

Sus equipos favoritos son los más antiguos, "cacharros que llevan por ahí 40 o 50 años y que siempre tienen algo que contar

Este técnico electrónico y diseñador de equipos de audio es también guitarrista y estudiante a tiempo parcial. Llegó a León hace diez años y lleva ocho dedicándose a los aparatos. «Todo empezó como un hobbie, junto con una creciente obsesión, casi enfermiza, por el sonido». Desde muy pequeño, a Miguel ya le gustaba cacharrear y cuando su padre le empezó a dejar máquinas eléctricas con las que trabajar la madera para reparar empezó a aprender lo que se convertiría en su pasión. La electrónica le llegó con un regalo de su abuela: una guitarra eléctrica. «No tenía un amplificador para enchufarla y la conectaba a todo aparato que había con una entrada de audio. Pero aquello no sonaba bien y empecé a hacer modificaciones y a construir pedales. Me enganché al soldador y empezó un proceso natural, movido por la inquietud y, más que la música, el sonido», recuerda sobre sus comienzos en la electrónica de audio. Y también llegaron las válvulas —»junto con los calambrazos gordos»—, un campo en el que encontró los sonidos que más le inspiraban y, al mismo tiempo, la pasión por lo que hace.

Por sus manos han pasado muchos equipos. Sus favoritos son los más antiguos o ‘vintage’. «Son cacharros que llevan por ahí 40 o 50 años y que siempre tienen algo que contar, te dicen lo que han vivido, dónde han estado y con quién. Algunos han pertenecido a grandes músicos, otros han llegado a manos de la persona equivocada y te piden que los hagas renacer, te puedes encontrar todo tipo de cosas dentro», relata. Sin embargo, advierte de que no todo es bueno por el simple hecho de ser ‘vintage’. «Hay que dar con lo bueno y luego con ciertas unidades que son realmente especiales», matiza.

Entre sus trabajos favoritos se encuentran amplificadores con los que ha disfrutado especialmente reparándolos. «Para mi, cada proyecto es ilusionante, pero este año, por ejemplo, he tenido un Twin Reverb de 1967, un Marshall Superlead de 1972 y un Vox AC50 de 1965».

Miguel Santiago es de los que guardan, aunque reconoce que suele acumular demasiado «y sumando». Para él, acostumbrado a tratar con objetos viejos que han sido testigos del paso del tiempo desde un cajón, la cosa ha cambiado mucho. «Vivimos un momento en el que se consumen productos con una vida corta y que guardarlos no tiene sentido funcional». «La poca gente que guarde sus móviles y en unos años los recuperen, no los utilizarán y seguramente no se podrán ni reparar. Es una tendencia que se aplica a muchas tecnologías actuales, con consecuencias económicas y medioambientales». Algo que, a su juicio, no pasa con ciertos artículos. «Esas cosas viejas que pueden ser valiosísimas para alguien y a las que les quedan muchas historias que contar».

El genio de los amplificadores