jueves. 30.06.2022

EL RAYO DE DIOS

Una vez al año, el sol naciente ilumina con precisión el ara de los templos cristianos del Camino de Santiago en León. Lo hace sólo un día, el elegido. Un rayo divino se cuela por una ventana del ábside, como si Dios pusiera el foco sobre el lugar donde se hacen las ofrendas. Un juego de luces y sombras. El triunfo sobre las tinieblas. Es el milagro de la luz. Y el de constructores que conocían bien el cielo
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El sol dio de lleno en el altar del nuevo templo de la ciudad aquel 20 de abril de 1063. En la penumbra del santuario se cumplieron con exactitud los cálculos de los constructores del románico. Era el primer día de la Pascua. El calendario juliano marcaba Domingo de Resurrección, fiesta central del cristianismo. En la basílica erigida por Sancha, infanta, reina de León, y su esposo, Fernando I ‘el Magno’, y consagrada bajo la advocación de San Isidoro, la misa fue solemne pero el gran milagro había sucedido al amanecer, sin más luz que la del sol naciente.

Debió de parecer un milagro. Una demostración del poder divino. Y, sin embargo, fue obra de los hombres. Para lograrlo, para que el ‘rayo de Dios’ entrara directo ese día por el vano abierto en la facha que da al este, los maestros canteros debían tener conocimientos astronómicos, haber desentrañado el firmamento y los cuerpos celestes. Escrutar el cielo para hacer cálculos exactos y lograr el prodigio.

Los constructores de San Isidoro podían haber elegido otra orientación, pero escogieron la pascual. El control del tiempo, la medición de las horas del día y de la noche, fue de siempre una forma de poder. Se sabe desde antiguo. Tanto, como la veneración al sol.

Hacia el equinoccio, hacia la ‘noche igual’, hacia las mismas horas de luz que de oscuridad se disponían los templos prerrománicos, heredados los lugares de otras devociones paganas. Pero entre los siglos XI y XIII algo cambió. Las nuevas ideas entraron por el Camino de Santiago, una vieja ruta de peregrinación que se convirtió en la vía de expansión de la cultura europea y del nuevo arte, el románico. Y con él, una nueva orientación.

La más importante ruta de circulación de ciudadanos, ideas, cultura y arte del Medievo cambió para siempre el viejo reino de León. El gran artífice de esa expansión fue Alfonso VI de León, llamado ‘el Bravo’. Heredó de su padre, Fernando I ‘el Magno’ la parte más extensa, valiosa y emblemática: la que contenía las ciudades de Oviedo y León, cunas de la monarquía astur-leonesa», y un reino que abarcaba León, Asturias, Astorga, El Bierzo, Zamora con  Tierra de Campos y la Taifa de Toledo. Con él, el ‘rayo de Dios’ cambia de orientación y pasa del equinoccio astronómico al equinoccio eclesiástico, una fecha fija que se utiliza para el cálculo de la Pascua y que el primer Concilio de Nicea estableció como el primer domingo después de la luna llena tras el equinoccio de primavera en el hemisferio norte.

Hacia esa fecha de la Pascua cristiana están orientadas gran parte de las iglesias del Camino de Santiago en León, las que no se alzaron sobre templos anteriores o antiguas construcciones paganas.

Que había una relación estrecha entre el cielo y la orientación de las iglesias medievales en la Ruta Jacobea lo han comprobado investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias.

«Sabemos que la tradición cristiana se ha arropado de una parafernalia astronómica indiscutible, donde las iglesias siguen patrones de orientación guiados por el cielo, y la simbología astral y los efectos de iluminación en su interior son una constante, por no mencionar el control efectivo del calendario», explica la astrofísica Maitane Urrutia-Aparicio, que lidera la tesis doctoral con Juan Antonio Belmonte y César González García.

Hacen arqueoastronomía, el estudio de las orientaciones de los monumentos arqueológicos y su relación con cuerpos o sucesos estelares, y etnoastronomía de los monumentos y tradiciones relacionadas con el Camino de Santiago.

Estudiaron sobre el terreno cientos de templos de la Ruta Jacobea, analizando la declinación, una magnitud astronómica que permite conocer la relación entre las orientaciones de las iglesias y el calendario. Los resultados arqueastronómicos revelaron que en la preferencia entre la orientación hacia el equinoccio o al domingo de Pascua intervinieron patrones culturales e identidades políticas y religiosas de los territorios. Y también que quizá la orientación equinoccial no se obtuvo por observación directa del sol sobre el horizonte sino que podría haber sido calculada con el gnomon, un instrumento que proyectaba su sombra sobre una escalada graduada y permitía medir el paso del tiempo, como lo hacían los relojes solares.

«Hay templos que nos llamaron la atención por la iconografía astral que tienen, por su ubicación… sobre las orientaciones, que haya este tipo de coherencia en todo el Camino es muy llamativo», dice Urrutia.

«El Camino de Santiago fue el vertebrador e introductor de ideas y un nuevo estilo arquitectónico, el románico, que se extiende por toda la ruta. Comprobar que se comporta como un conjunto refuerza el valor universal excepcional de un lugar que es Patrimonio de la Humanidad», apunta la investigadora.

Cada reino cristiano tenía sus preferencias aunque en todos se aprecia la orientación pascual. Es la gran influencia de la reforma eclesiástica, que trajo consigo el cambio de liturgia y el abandono del rito mozárabe, que se practicó en los territorios hispánicos hasta el siglo XI, y el impacto de Cluny, la orden más poderosa de la Edad media, que extendió una red de monasterios por toda Europa.

La huella de Cluny marcó la orientación de las iglesias en Sahagún, sede del Monasterio de San Benito, uno de los principales focos de la reforma de los monasterios benedictinos y del que sólo se conservan unas bellísimas ruinas que dan prueba de su antiguo poderío.

Sahagún fue la sorpresa de los investigadores del Instituto de Atrofísica de Canarias. Y también la confirmación de la implantación de las nuevas ideas en las construcciones. El noroeste cambiado por el sureste. Estudiaron la planimetría y la qibla, el punto del horizonte orientado a La Meca y hacia el que los fieles musulmanes dirigen sus oraciones por si los constructores de las iglesias mudéjares de la villa habían elegido esa orientación, incluso analizaron la fecha del martirio de los santos Facundo y Primitivos, fundadores de Sahagún, hijos de san Marcelo, el centurión romano converso, y santa Nonia. Fue un 27 de noviembre, pero no.

La clave la encontraron en la abadía de Cluny. Con esa misma orientación se levantaron los templos hechos arte con ladrillo, yeso, cerámica y madera de los constructores musulmanes que permanecieron viviendo en territorio conquistado por los cristianos, arte del mudéjar, literalmente «aquel a quien se ha permitido quedarse».

Una base científica para explicar por qué el sol ilumina el ‘alma’ de San Isidoro, de Santiago en Villafranca, de San Esteban de Corullón el día de la resurrección de Jesús de Nazaret o por qué lo hace en tres fechas concretas en la catedral de Santiago de Compostela, todos los 23 de mayo, el día de la aparición, el 30 de diciembre, la traslación, y el 25 de julio, la festividad oficial de la iglesia católica.

«Me quedé fascinada con San Isidoro porque pocas veces se puede comprobar la fecha de la consagración o del replanteo de una iglesia y confirmar individualmente este patrón general de orientación hacia la Pascua, pero en este caso hay una fecha, y su orientación es compatible con el Domingo de Resurrección de ese año», explica Maitane Urrutia.

Ciencia para probar que no hay magia sino conocimiento. No hace falta ir a Stonehenge a Abu Simbel o a las pirámides de Egipto para encontrar la magia del sol naciente rompiendo con un solo rayo la oscuridad. Basta con entrar en las iglesias de la Ruta Jacobea leonesa e imaginarlas al amanecer, apagada la luz de la cera de las velas, en penumbra, y descubrir desde el interior del Camino un día al año el rayo de Dios que todo lo ilumina, el cielo en la tierra.

EL RAYO DE DIOS
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