martes. 09.08.2022

La NASA ama la literatura y la poesía. El último poeta se llama James Webb. No es un ser humano, es un telescopio. Se han gastado millones de dólares en montar un telescopio que solo ve piedras vacías y gases de colores. Eso no es un telescopio. Eso es un poeta. La NASA dice que al fin podemos ver el cosmos en profundidad. Y no estamos viendo nada interesante, porque no hay nada. Ya pasó con la luna. El hombre pisó la luna y allí no había ni caminos ni árboles ni lagos con ranas ni ríos con truchas ni merenderos ni siquiera un bar de mala muerte. Ni si quiera había fantasmas. No había ni una silla. Ni una cama. Polvo, eso había. Polvo lunar, eso dijeron, por decir algo. James Webb, el último poeta, nos dice que en el universo no hay ni una sola tienda abierta. No hay bares. No hay nada. Bueno sí, un montón de rocas dando vueltas, a 4.600 millones de años luz. Nos importa lo mismo decir 4.600 millones que 46.000 millones de años luz. Nos da igual, porque en las mediciones del tiempo y del espacio del universo nos da igual 8 que 80. Ni un maldito extraterrestre escondido en algún maldito exoplaneta. El universo no tiene ningún interés porque está vacío de toda intención y de toda voluntad. La NASA y la Agencia Espacial Europea acaban de descubrir la poesía existencial y el nihilismo filosófico, que llevan dos mil años entre nosotros. Esto pasa porque los astrónomos y los físicos y los químicos y los ingenieros no leen poesía. Si leyeran poesía ya sabrían que lo de ahí afuera solo es un decorado con estrellas para celebrar una noche de fiesta o una noche de amor o una noche de pasiones salvajes. El cielo siempre nos acompaña como un teatro azul, no da para más. A mil millones de años luz no puede haber nada porque decir mil millones de años luz es una metáfora del lenguaje, algo que solo ocurre en el lenguaje. Han construido un telescopio que lo único que sabe hacer es lo que ya hicieron Homero, Dante, Góngora, Shakespeare, Nietzsche o Federico García Lorca: metáforas. Eso sí, las metáforas ahora valen una fortuna. Las metáforas de la poesía son mucho más baratas y más convincentes. Ya podrían gastarse la fortuna que han invertido en ese telescopio en favorecer la poesía mundial. Daría lo mismo en cuanto a conocimiento, pero así darían de comer a los poetas visionarios. La NASA pone de moda la poesía cada vez que se gasta miles de millones en el espacio. No hay nadie allá arriba. Solo piedras. Aquí abajo sí hay alguien. Aquí abajo estamos los poetas.

El último poeta
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