Diario de León

Ellroy: «Tengo un ego monumental»

l «Las películas sobre mis novelas son basura, pero los cheques merecen la pena», dice el escritor

kiko huesca

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León

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miguel lorenci

Hola ¡Aquí está el puto perro loco!». Jovial, descarado y chapurreando un español trufado de tacos se presenta James Ellroy (Los Ángeles, 73 años). El rey de la novela negra estadounidense publica ‘Pánico’ (Literatura Random House). Es una diabólica sátira sobre un atrabiliario y despreciable personaje, Freddy Otash, exmarine, expolicía, detective y extorsionador profesional. «Una hiena que tuvo al Hollywood dorado y a los políticos de la época agarrados por los huevos», sitúa Ellroy al lector. Traficante de secretos y miserias en la fábrica de sueños desde los años 50, Otash da pie una novela salvaje en el más puro estilo Ellroy, con esa «prosa anfetamínica» que, según el escritor, «es fruto de mucha reflexión». Confiesa Ellroy que su «ego monumental» le ha permitido triunfar en la ficción y el cine. Pero le importan «una mierda» las películas de sus novelas y sabe «que ni yo ni ningún escritor de novela negra recibirá jamás el Nobel». Freddy Otash, alias ‘El Frenético’ o ‘El Frescales’, fue «un precursor del chismorreo más escandaloso». Lo practicó en ‘Confidential’ y otras revistas, «destripando por dinero la vida sexual de las estrellas de cine y algún politico». «Obtenía información con métodos repugnantes. Era despreciable. Borracho, pendenciero, proxeneta, corrupto, adicto a la dexedrina y al whisky ‘Old Crow’, iba dando tumbos». Entre su inacabable lista de víctimas figuran Ava Gardner, Liz Taylor, Rock Hudson, Marlon Brando, Montgomery Clift, James Dean, Alfred Hichtcock o el clan Kennedy.

Ellroy conoció a Otash en 1989 y lo trató hasta su muerte en 1992. «Era un puto pinche. Nos reímos de los viejos tiempos y le propuse hacerle protagonista de mi novela ‘American Tabloid’, pero me pedía una pasta. Luego murió y podría haberlo hecho gratis», dice Ellroy con un sonrisa sardónica. Recrea y recreera en otras novelas sobre Otash en un Hollywood «que era y es como Sodoma y Gomorra juntos: un centro de crímenes, perversión, sexo y drogas». Se ríe de figuras «odiosas» como el actor James Dean o el director de ‘Rebelde sin causa’, Nicholas Ray, «unos tipejos pervertidos raros», y «de otros putos comunistas». «Ray era culto y sensible, pero estaba lleno de mierda. Acosó sexualmente a Natalie Wood cuando era una niña e hizo lo mismo con Sal Mineo, otro actor menor de edad». También derrumba mitos, como la teoría conspiratoria sobre la muerte de Marilyn Monroe. «Otash fantaseó con la conspiración y los Kennedy, pero ella era una borracha, una drogadicta que, según Otash, hacía felaciones a cambio de barbitúricos. Murió por sobredosis», zanja la cuestión. Ni amoral ni inmoral El «perro salvaje» del ‘noir’ no cree que para reinar en el género «haya que ser amoral o inmoral». «Yo juzgo. No soy ninguna de las dos cosas», advierte. No se siente bien tratado por el cine, que gracias a sus corrosivas y negrísimas novelas ha facturado joyas como ‘L. A. Confidencial’ o ‘La dalia negra’. «Todas las películas de mis novelas son basura. Me dieron pasta, y eso está de puta madre. Pero jamás participé en los guiones y no lo haré. Me pagan bien, muy bien. Cojo el cheque, y todos contentos», dice. «Si hay pasta, habrá película de ‘Pánico», concede. «No pueden dañarle ni hacerle nada al libro. Todos tenemos un precio, y yo lo tengo para el cine, pero no para mis libros», se defiende.

Reconoce Ellroy ser dueño de «un ego monumental» que ha sido «determinante» para su triunfo como escritor. «Soy matón e intimidador. Un puto perro malo, feo y grande. Pero he aprendido a comportarme. No estoy todo el día ladrando y me temo que estoy domesticado», dice jocoso. Explica que vive «en otro tiempo: el de mis novelas» y que eso le conforta. «Nunca uso ordenadores. Jamás he utilizado internet. No tengo móvil. Tengo teléfono convencional y aún uso un fax. No veo las noticias ni leo periódicos. Ignoro cómo es la sociedad actual y no quiero escribir de ella. Todo el mundo lo hace y a mi me la pela. Me gusta la corrupción de antes, los coches viejos, las ropas femeninas de los años 40 y los 50. La Segunda Guerra Mundial. El hongo nuclear. Rooselvelt, Eisenhower, Kennedy, Nixon...»

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