viernes 27/5/22

Esto no es una biografía

Parafraseando a Magritte, esto no es una biografía. Santiago Muñoz Machado con su Cervantes no lo ha pretendido. No obstante, al director de la RAE se le escapa en alguna entrevista y la llama así. La etiqueta carece de importancia, se trata de una magna monografía sobre Cervantes y el cervantismo, que permite comprender al escritor en su tiempo
                      Imagen de Santiago Muñoz Machado
Imagen de Santiago Muñoz Machado

Eduardo aguirre

Derecho, política, religión, economía, literatura, relaciones sociales…, planteamiento frecuentes en trabajos colectivos pero no tanto en los de autoría individual, por los conocimientos multidisciplinares que exige. Santiago Muñoz Machado no nos cuenta una vida en orden cronológico, sí las claves para entender al autor y a sus creaciones. En definitiva, Cervantes contextualizado.

Según nos anuncia el autor en el prólogo, aporta «perspectivas nuevas» y suple un vacío bibliográfico Si un libro ha de valorarse en función de los propósitos de autor podemos concluirse que lo logra. Tras la lectura, sabemos mucho más. Dicho esto, novedoso es palabra demasiado corta para conocimientos con tan largo recorrido, además todo ha de ser siempre nuevamente contado a cada generación, si bien con actualizaciones. El universo cervantino es tan amplio que siempre quedará algo fuera. Aquí, como es lógico, tampoco ha entrado todo. Pero no sería justo poner reparos en función de cómo uno mismo lo hubiera escrito, este Cervantes —lógico— es el de Muñoz Machado.

Su erudición no es mero torrente de fichas, está siempre al servicio del tema, incluso cuando parece estar alejándose del mismo, pues finalmente toda aparente digresión queda justificada. El Quijote, aunque no se limite a él, nos es explicado como una obra crítica no solo con los malos libros de caballería, también repleta de referencias a aquella España entre 1605 y 1615, explícitas o implícitas, pero que los lectores captaban.

Catedrático de Derecho Administrativo, aporta claves jurídico sociales para comprender mejor el gobierno de Sancho en Barataria, el discurso de Las Armas y las Letras y el de La Edad de Oro, las reclamaciones de Dorotea y de Luscinda, la reacción airada ante las condenas a los galeotes, entre otros muchos aspectos que a los profanos se nos escapan. Lo hace con amenidad a lo largo de los XI capítulos, sin recurrir a lo anecdótico y concentrando mucha información dispersa. Pese a su fácil lectura no estamos ante divulgación. Sin romantizar a Cervantes, lo considera el genio de nuestras letras. Lo fue, y normal en todo lo demás. La genialidad no es característica de dioses, sino humana. Admite que sufrió penurias intermitentes, en contra de una tendencia actual a reducírselas (quizá, en exceso). Explica muy bien la ambigüedad del escritor sobre los moriscos o el debate cervantista sobre sus posibles orígenes conversos, no descarta como imposible que mantuviese relaciones homosexuales en Argel, pero tampoco lo da por hecho; cuestiona la hipocresía en materia de ortodoxia religiosa que le reprocharon Castro y Ortega, le admite una cultura amplia —incluso en lo jurídico— pero propia de un autodidacto con inquietudes. Pasea un espejo por el cervantismo histórico, pero apenas se detiene en el del siglo XXI.

Debate y silencios

Aunque afirmé más arriba que no debe pedírsele a un libro ajeno que sea como a uno mismo le habría gustado escribirlo, en caso de saber hacerlo, sí apuntaré que he echado en falta un capítulo sobre las biografías más recientes. Sin pretender dar lecciones, Cervantes. La figura en el tapiz, de Jorge García López (Pasado & Presente), así como -entre otras- la trilogía de José Manuel Lucía (Edaf) son ya hitos. Desde los departamentos universitarios, pero no solo desde ellos, el mejor cervantismo vuelve a estar vivo, con potencial para interesar a los jóvenes. Cuando el lector concluya este libro querrá que hubiese sido aún más largo, pero le quedarán páginas de excelentes notas. Como toda obra con pensamiento dentro generará debate entre los expertos. Y silencios, claro.

Don Quijote vivía en un pasado inventado, pero su padrastro pisaba el presente. Tras esta gran monografía ya no podrá reprochársele al escritor haber eludido pronunciarse sobre los problemas de su tiempo. Todo estaba ahí, evidente o sutil, en serio o con humor, ya desde La Galatea (1585) hasta el póstumo Persiles (1617). Y sus lectores de entonces lo captaron, muchos hemos necesitado que Muñoz Machado nos muestre que en los diálogos entre el caballero andante y su escudero no hay solo dos personalidades distintas, también dos políticas. Dos mundos: uno medieval en extinción y otro moderno que irrumpe para quedarse. El mundo de la oralidad y el del papel. La costumbre no escrita y la norma impresa. Este excelente Cervantes no es una biografía, pero en sus páginas hallamos la vida… la del escritor y la nuestra.

Esto no es una biografía
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