jueves. 18.08.2022

«Escribir es una labor de ingeniería»

l Diana Gabaldon presenta la novena entrega de la saga ‘Outlander’
                      Imagen de una de las escenas de la serie basada en el libro de Gabaldon.
Imagen de una de las escenas de la serie basada en el libro de Gabaldon.

johana gil

Una mujer relacionada con dos hombres diferentes en dos vidas distintas. La presentación de la obra se hizo en Madrid, su primera vez en la capital española. Más de 50 millones de lectores se han dejado cautivar por la saga que tendrá diez entregas. Una historia liderada por una mujer cargada de fantasía, romance y ficción que tiene como escenario inicial las Tierras Altas de Escocia, y en este último libro se traslada a la guerra de la Independencia en Estados Unidos. No descarta un paso por España en la próxima novela, aunque duda cómo poder vincularlo. «No me cierro a nada», bromea Gabaldon al ser cuestionada por esta posibilidad. La narración ha logrado un fuerte impacto, que ha sido impulsado por la serie de televisión disponible en plataformas digitales. La producción ha completado su sexta temporada en mayo de este año. Es una adaptación «acertada», a juicio de la autora, que está encantada por el éxito de sus tramas en la pantalla. «Siempre hay limitaciones porque es imposible llevar todo un libro al mundo audiovisual, pero me gusta el realismo que le ha dotado a las letras. Es ponerle cara a los personajes que nos han acompañado durante tantos años». Eso solo es el reflejo del gran potencial de las novelas. Así defiende Gabaldon su trabajo. Su último libro de Outlander le ha llevado siete años desde el anterior, ‘Escrito con la sangre de mi corazón’, el octavo de la saga. Dice que la popularidad de la serie no le genera más presión para escribir que al principio cuando al despertar encontraba en los primeros borradores las notas con comentarios de su marido, la primera persona que pudo disfrutar de lo que hoy supone un récord continuo de lectores con cada lanzamiento.

Aunque para los fanáticos fue larga la espera, condensar la historia de las guerras en tan poco tiempo es un logro. Además, durante ese paréntesis de siete años, escribió otros cuatro libros distintos a Outlander. «Menos de diez años para cinco obras no está tan mal», razona. Es una tarea complicada: lograr que el nuevo lector que se estrena con la novena entrega se entere de las anteriores y que el antiguo no se aburra. Por eso, ante tal exigencia, sostiene que «escribir es una labor de ingeniería».

Un arduo proceso de documentación e investigación ha logrado dar vida a las nueve novelas. Comprimir la realidad de siglos anteriores, hurgar en las emociones del momento, conocer cómo vivían en esas épocas, implica saber de historia, no solo de literatura. «Siempre me han felicitado por los detalles del relato. La especificidad y la descripción surgen de mi pasado como científica. Eso elevó mi capacidad de observación». Gabaldon, de origen mexicano por parte de padre, estudió Biología Marina e hizo un doctorado en Zoología. «Investigo sola porque si tuviera un equipo no sabría qué pedir para buscar porque las ideas no surgen de manera cronológica», explica sobre la falta de planificación de sus obras. Las más de mil páginas (1.184 tiene ‘Cuenta a las abejas que me fui’) han nacido como «semillitas». «A partir de ocurrencias se construye toda una narración. En un momento surgen frases y luego acciones que se complementan entre sí. La parte más racional de mi cerebro formula los diálogos y los aspectos técnicos de la escritura. Mientras mi creatividad explora escenarios y sensaciones», ilustra.

Su fuente de inspiración, aparte de otros libros y autores, es su vida. «Tomo nota de lo que me pasa y escribo con la libertad de no hacerlo para un lector en concreto». Después de más de 30 años de carrera, Diana Gabaldon intenta continuar con esa metodología para combatir las críticas: «No se puede hacer feliz a todos, sean dos lectores o cincuenta millones». Aunque, aclara que le gustaría entablar conversaciones con todos ellos, «pero es imposible».

«Escribir es una labor de ingeniería»
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