miércoles 28/7/21

Un español contra la maldición de la pobreza

Ideológicamente, dentro del anarquismo hispano, mantuvo diferencias ideológicas con las otras dos grandes figuras leonesas, Pestaña y Durruti; respecto del último sostuvo proximidad más amical que de acción, pues se opone al efectismo de» un solo día», y apuesta por la revolución reflexiva y trabajada, ya que es consciente de la dificultad de asimilar per se las ideas anarquistas. Más distante se halla de Pestaña y el grupo de los trentistas a los que califica de «camaleones». Refiriéndose a los tres, M. Cordero del Campillo escribe: «Muchas veces me he preguntado qué habrá habido en León para que en nuestra provincia haya nacido nada menos que tres de los grandes del anarquismo, cada uno con su peculiar modo de entender la doctrina: Ángel Pestaña, sindicalista, nacido en Santo Tomás de las Ollas, Buenaventura Durruti, el hombre de acción, que vio la luz en el barrio de Santa Ana de nuestra capital, y Baudilio García Fernández, Abad de Santillán, nacido en Reyero, el intelectual.(…). Un leonés enamorado de su tierra y profundamente español, quien, apoyado en este binomio, dio el salto hacia un humanismo universal. Un hombre que compaginó la actividad intelectual con la participación activa, metiendo sus manos en el barro, en un quijotesco empeño de hacer el hombre nuevo, practicando la tolerancia ideológica sin abdicar de sus creencias, analizando la realidad con clarividencia y volviendo sobrepasado para evolucionar sin rupturas, rencores, nostalgias, ni la hostilidad, en la que han permanecido algunos de sus correligionarios, apegados a su particular prontuario».

«¿Qué es lo que queremos? Simplemente la defensa de la personalidad humana, digna y libre. ¿A dónde vamos? A la humanidad en la que haya sido superada la maldición de la pobreza y en la que se reduzcan lo más posible los esclavos voluntarios. ¿Con qué medios? Los que nos permitan las circunstancias, favorables o desfavorables, liberales o antiliberales pues, en cualquiera que sea la condición, hay algo que no se nos puede quitar: los sentidos de dignidad del hombre, y la prédica con el ejemplo».

Las cenizas de este infatigable Quijote se esparcen en la pradera de las Hoces de Reyero. Las esencias las recibe el Porma mientras el silencio y la nieve las cubren entre la brisa del piorno y el adorno de los capilotes primaverales. El Forniello entre el rumor acoge una vida imantada entre utopías y entrega por la libertad y la justicia. En Reyero siempre serás Baudilio; en Eutopía, Diego Abad de Santillán, el sembrador de utopías.

Un español contra la maldición de la pobreza
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