martes 22/9/20

«Exprimir la vida es innegociable»

Irene Villa, víctima de ETA, psicóloga, periodista y escritora, trata de contagiar a todos su optimismo «a prueba de bomba» para disfrutar del día a día
Irene Villa participó en León en el ciclo de charlas «Woman power. Mujeres que tienen mucho que decir». JESÚS F. SALVADORES
Irene Villa participó en León en el ciclo de charlas «Woman power. Mujeres que tienen mucho que decir». JESÚS F. SALVADORES

No ha dejado que el brutal atentado de ETA que la mutiló en 1991 lastrara su vida. Con doce años Irene Villa (1978) perdió las dos piernas y tres dedos de una mano. Gracias a su madre coraje se aferró a la vida con fuerza. Hoy es madre de tres hijos, psicóloga, periodista y escritora y lucha con denuedo por la felicidad. El perdón y el humor son cruciales para lograrlo. Activa deportista, al frente de una fundación dedicada a la inclusión laboral y al deporte adaptado, no deja de escalar Los ochomiles de la vida, título de su próximo libro.

—¿Cuáles fueron sus cimas?

—Como para muchos españoles, asumir la pérdida de un ser querido sin poder despedirle y hacerle el funeral cuatro meses después de su partida por el Covid-19. El año pasado fue una cuarentena con dolor paralizante resuelta a la tercera operación: la rotura del tornillo que llevo oseointegrado en el fémur izquierdo y gracias al que muevo la prótesis casi como si fuera mi pierna. El año anterior mi separación. Antes, la pérdida del que sería mi cuarto hijo. En fin, con muchas ganas de 2021.

—¿Vivir sin rencor fue una conquista, o realmente una necesidad?

—Fue puro instinto de supervivencia, que nos hace vivir orientados hacia lo que nos hace bien y no hacia lo que duele. Evitar el sufrimiento pasa por librarte de emociones negativas. Las más dañinas son el odio, el resentimiento y el rencor.

—Perdonando se vivir en paz?

—Hay un antes y un después en la vida de quien decide perdonar. Una auténtica liberación. Es un acto de amor que beneficia a quien lo otorga.

—¿Aún sueña con el atentado?

—Antes soñaba que corría y saltaba con mis piernas de carne hueso, pero hace ya muchos años que en mis sueños hay sillas de ruedas y prótesis de titanio.

—¿Cómo se lo explicó a sus hijos?

—Eran muy pequeños y siguieron jugando como si tal cosa. Pero saben que hubo un tiempo en el que personas que no querían pertenecer a nuestro país, secuestraban, ponían bombas y asesinaban. No todos lo recuerdan.

—¿Sus grandes retos ahora?

—Seguir compitiendo, contagiar alegría y felicidad. Y, por supuesto, criar y educar a mis hijos para que sean felices.

«Exprimir la vida es innegociable»
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