lunes 30/11/20

Fotografías para atunes

l Ricky Dávila publica un libro sobre las microhistorias que hay detrás de las instantáneas
silvia j. esteban
silvia j. esteban

alfredo valenzuela

El fotógrafo Ricky Dávila, director del Centro de Fotografía Contemporánea de Bilbao, ha dicho a Efe que «la historia de la fotografía está trufada de microhistorias fascinantes» en relación con su último libro, Tractatus Logico-Photograficus. La fotografía explicada a los atunes (Galaxia Gutenberg). Es un título que su autor considera «un anzuelo para cómplices» porque si por un lado remite al Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein, por otro posee «una componente bufa», la de considerar atunes a los posibles lectores de este curioso libro que mezcla casi todos los géneros literarios, del ensayo al diario, de la poesía a la narración, de la reflexión a la indagación histórica.

Dávila se ha definido a sí mismo como «el atún supremo», al considerar que «no hay respuestas finales para las preguntas importantes», pero con el convencimiento de que literariamente ha hecho «algo genuino», como discípulo de autores como W.G.Sebald y Enrique Vila-Matas. Dávila dice haberse acogido a la estela de Sebald, quien en sus obras reproduce fotografías en blanco y negro y en pequeño tamaño, como sucede en el Tractatus, en cuyas páginas funcionan, según el autor, como una especie de «ilusionismo», de forma «original y rudimentaria» para «enhebrar la prosa y la imagen», de modo que son fotos «despojadas de su poder embaucador, reducidas a una huella de luz».

Como «fotógrafo de sustancia y escritor de corazón» se define Dávila para significar que su recorrido profesional ha ido ligado a la fotografía pero que su «condición medular», aunque la haya encontrado treinta años después, es la de escritor, de ahí que afirme que no le gusta nada encontrarse su libro en la sección de Fotografía de alguna librería.

Dávila ha recordado que cuando decidió hacerse fotógrafo aquello tuvo «un elemento de significación personal, un componente heterodoxo que ya no tiene; ahora es más difícil significarse en la fotografía, aunque es más fascinante porque la fotografía ahora está instalada en todas partes».

El libro de Dávila arranca con una pintura paleolítica que plasma en la pared de cueva a un bisonte con ocho patas para, ya hace 32.000 años, dar sensación de movimiento, para luego revisar la influencia que tuvieron en la pintura las primera fotografías de personas o animales en movimiento.

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