viernes 27/5/22
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alfonso garcía

En 1555, con solo 21 años, el joven Alonso de Ercilla viajó a Indias para acompañar al nuevo virrey tras la insurrección de Francisco Hernández Girón en el Perú y la muerte en Chile del gobernador Pedro de Valdivia a manos de los araucanos. Sin embargo, hubo de pasar por numerosos avatares hasta poder desembarcar en las costas chilenas en 1557. Fruto de este encuentro con el pueblo indígena, de las luchas y también de la admiración ante rival tan extraordinario nacerá la necesidad de inmortalizar las Guerras de Arauca en un poema épico. Las tres partes que integran La Araucana se publicaron a lo largo de veinte años (1569, 1578, 1589) y al poeta le llevó más de tres décadas el proceso de escritura. Una escritura que se ajusta, en el sentido clásico de la epopeya, a cantar las victorias memorables de los españoles pero que también innova al celebrar el coraje y la nobleza del pueblo araucano: «Pues no es el vencedor más estimado / de aquello en que el vencido es reputado». Cuando en 1569 aparece la primera parte ningún libro había abordado la conquista española de Chile. La conciencia del carácter inaugural del texto supone que Ercilla comience con una extensa descripción de Chile, su historia y costumbre a las que siguen las reflexiones sobre los caprichosos combates de la Fortuna como demuestra la conquista que se va a narrar.

El relato de las guerras se presenta entonces como hilo conductor que se irá ampliando con la narración etnográfica del pueblo araucano, sus batallas, idilios, juegos, hechicerías e historias fabulosas que alternan con el retrato memorable de grandes personajes como Caupolicán y otros caciques indígenas. Elegancia y rigor de la edición de esta obra clásica que, además de un apreciable poema épico, se convierte en un verdadero documento que contiene noticias históricas, geográficas y antropológicas sobre el poco conocido entonces reino de Chile.

La guerra como hilo conductor
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