sábado. 03.12.2022
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verónica viñas

—¿Crees, como Voltaire, que ha historia de los grandes acontecimientos del mundo apenas es más que la historia de sus crímenes?

—Sí, la Historia se ha construido sobre muertos y con crímenes, tenemos un ejemplo perfecto en el siglo pasado, que fue uno de los siglos más criminales de la historia de la Humanidad: dos guerras mundiales, el Holocausto, el lanzamiento de las bombas atómicas, decenas de guerras periféricas (Corea, Vietnam, Afganistán...), golpes de estado (España, Portugal, Grecia, Argentina, Chile...), dictaduras, guerras civiles, revoluciones... Lo dicho: el siglo pasado es un ejemplo de ello y Voltaire ni siquiera conoció tanta crueldad.

—¿Por qué decidiste reabrir la ‘Matanza de Atocha’ ahora, 45 años después?

—Porque había algo que no se había contado: la intrahistoria de cómo había sido la investigación policial. Era una historia muy trágica que se había contado desde el punto de vista social, lo que había supuesto para la sociedad de aquellos momentos; desde el punto de vista político, las implicaciones al proceso de la Transición; desde el punto de las vivencias de las víctimas o desde la crónica de los hechos, pero no se había escrito nada de cómo treinta y tres policías de la Brigada Regional de Información de Madrid al mando del que fuera el primer Jefe Superior de Madrid en la democracia, Francisco de Asís Pardo, dedicaron dos meses de su vida a una obsesión: detener a los asesinos y no fallar a la incipiente democracia.

—Supongo que ser policía te ha facilitado el acceso a documentación que otro escritor no conseguiría...

—Algo ayuda, pero el proceso de investigación nadie te lo regala, hay que ponerse a ello y bucear en archivos y buscar testimonios en cualquier lugar.

—¿Cuáles son las novedades del caso que aporta tu libro y que no conocíamos?

—Lo que he comentado antes: cómo se realizó día a día, noche a noche, la investigación policial desde el 24 de enero al 13 de marzo de 1977.

—La novela supone el regreso del comisario Gorgonio, ¿te resulta más fácil que sea él quien cuente la historia?

—En este caso, sí. El comisario Gorgonio es el comisario emérito de la ficción criminal española, lo que me permite colocarlo de joven en la investigación de ese caso hace más de cuarenta años.

—Supongo que el libro no habrá sentado bien en algunos círculos, en la extrema derecha, por ejemplo...

—Siempre que se remuevan conciencias no gusta a los sectores inmovilistas, que quieren seguir manteniendo sus privilegios y quieren prohibir o censurar las obras literarias. Es triste ver quiénes se posicionan en esa censura, muy triste. Son como los fundamentalistas cristianos que censuraban Maus o Astérix por sus palabras mal sonantes o porque hay «sexo explícito», como he llegado a oír. Es como si los muertos de Atocha no les importasen, solo su ideología censora que tape sus miserias. Algunos se reclaman hasta de izquierdas, cuando eso siempre se llamó censura fascista, venga de donde venga. Un caso que en España atenta contra el artículo 20 de la Constitución. Lo que todo movimiento censor ignora es que generan un Efecto Streisand de manual: el boicot conlleva mayor visibilidad y se disparan las ventas.

—¿Recuerdas dónde estabas aquel 24 de enero de 1977?

—Ese día y a esas horas estaba escuchando Radio Pirenaica, que mi padre la sintonizaba todos los días. Ese fue mi primer conocimiento de la matanza.

—En aquel momento, el atentado contra el despacho de abogados laboralistas, la mayoría del PCE y de CCOO, se interpretó como que el viejo régimen se negaba a desaparecer y lo haría matando...

—Es que fue así, no fue una interpretación. Los asesinos, los cómplices y los inductores estaban vinculados al Sindicato del Transporte y Comunicaciones de la región de Madrid. Era el sindicato vertical que se negaba a la eliminación de sus privilegios, por eso querían eliminar a los impulsores de la huelga del transporte en Madrid en ese mes de enero y que fue el germen de las Comisiones Obreras.

—¿No crees que ha sido un episodio deliberadamente silenciado?

—Decir deliberado igual es un poco exagerado, pero sí es verdad que se ha orillado.

—El libro se lo dedicas a los policías que hicieron posible la detención de los asesinos, ¿conoces a algunos de los policías?

—Sí, conocí a varios: gente integra de los pies a la cabeza. Un ejemplo lo tienes en que después de dos meses sin descansar, viajando por toda España, cotejando datos, poniendo dinero de su bolsillo... todos, absolutamente todos, renunciaron a la recompensa que se había instaurado.

—¿Qué supuso el atentado de Atocha para nuestra incipiente democracia?

—Un duro golpe. Pudo suponer, y eso pretendía, una involución política. Lo mismo que pretendían todas las organizaciones terroristas de extrema derecha (Triple A, Batallón Vasco Español...) o los que se llamaban de izquierda (GRAPO, ETA...)

—¿Te has guardado algo en el tintero?

—Nunca es inteligente contar todo lo que uno sabe. Siempre dejo algo en el tintero, puede servirme para el futuro.

—Hace dos años salió en libertad García Juliá, uno de los autores de la matanza, ¿ya habías comenzado el libro entonces?

—No. En esa época estaba escribiendo mi novela Franco debe morir, pero sí estaba recogiendo notas y datos para esta novela.

—¿Hubo gente implicada que no se sentó en el banquillo? ¿Realmente, Billy El Niño no tuvo nada que ver?

—En realidad, no fue un atentado organizado por una banda terrorista, sino por un grupo de matones vinculado al sindicalismo vertical. Era gente que se movía por las concentraciones de Fuerza Nueva, Guerrilleros de Cristo Rey o Falange y conocía a gente de la Brigada Político Social y a italianos vinculados con el fascismo internacional, refugiados en la España de Franco. Toda esa gente estaba muy cerca de los autores, pero no participaron.

—¿Cuántos mitos destruye tu novela?

—El primero, los policías que investigaron la matanza olvidaron toda su vida privada y se implicaron a fondo para no fallar a la incipiente democracia. Y segundo, gran parte de la extrema derecha vio como un error enorme esa matanza, de ahí que los autores, cómplices e inductores no encontraron un apoyo decidido entre los suyos.

—¿Los asesinos eran simples matones falangistas?

—Sí, y muy torpes. Fíjate que dejaron la escena del crimen llena de los casquillos, no recogieron ni uno. Hasta se les disparó un arma sin querer. Eso muestra que no eran profesionales.

—¿Has recibido amenazas por este libro?

—Amenazas físicas contra mi integridad o vida, pues no, pero sí han llegado a plantearle a la alcaldesa de Gijón que me cesase... Por escribir esta novela. Ya ves el nivel intelectual de alguna gente o gentuza, como prefieras.

—Ahora estás en Estados Unidos, ¿te vas a lanzar a la conquista del continente americano?

—Evidentemente, en algún momento me he de jubilar. Ahí es cuando podré dedicarme a tiempo completo a escribir y necesito mercados. En Europa ya tengo varios libros traducidos, así que es hora de abrir las posibilidades en otras tierras.

—¿Estás trabajando en un nuevo libro?

—Un escritor cuando publica un libro deja de ser suyo y pertenece al público. Así que desde que Matanza de Atocha, 1977: Caso abierto ha salido al mercado ya no pertenece y he ponerme a otras historias, por eso ya estoy en otra novela.

—¿Volverá Gorgonio?

—Sí, por supuesto. Mis dos personajes talismán son el inspector Ramalho da Costa, un héroe de hard-boiled hispano, y Gorgonio, el comisario emérito que conoce todos los casos y cosas de la reciente historia de España.

—¿Qué opinas del comisario Villarejo? ¿Sería un buen personaje de novela?

—De malvado... como el doctor Moriarti...

«Han pedido a la alcaldesa de Gijón que me cesase por escribir esta novela»
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