martes. 05.07.2022
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alfonso garcía

Si hay aventuras insólitas cercanas al despropósito y la carcajada como manifestación y a la muestra de una realidad dispar y poco risueña como fondo, aquí tiene el lector un ejemplo. Al darse la mano con la elegancia propuesta en la novela, resulta una lectura muy gratificante y recomendable, que, además, se acaba en un pispás, dado su interés, al que ya nos tiene habituados el autor leonés (León, 1976), una de las más notables referencias actuales de la literatura infantil y juvenil. De la buena.

Resulta que un día la lavadora se estropeó. La niña Carolina lo tenía claro. Quería hacer con ella un cohete para ir a Saturno. Estaba un poco harta de sus padres y quería ir lo más lejos posible. «A veces hay que desobedecer un poco». Su hermano Felipe, de siete años, quería acompañarla, aunque tenía miedo, como se vio en los curiosos y disparatados preparativos de transformación de la lavadora en cohete – el Café I-, «el cohete del astronauta Felipe y de la astronauta por vocación Carolina». Por fin despegó. La aventura los lleva a un mundo extraño. Saturno resulta ser muy distinto a lo que habían imaginado. El problema estaba ahora en la vuelta. La nave no funcionaba. Crearon una nueva –Amigos IV-, pero el regreso fue muy diferente.

El hermoso texto escrito con la elegancia de una prosa cuidada, limpia y ágil, en que los diálogos dan fluidez al relato, muy bien estructurado y provocando el suspense siempre en el lector. Humor, un enorme caudal de imaginación, aventuras distintas, originales, disparatadas… que provocan la sonrisa permanente. Todo ello conduce, además, y en este caso, a una situación de crítica velada a esa realidad que muestra la vida de los niños que viven en planetas muy distintos. Ilustraciones coloristas, de trazo esencial, limpias, simpáticas.

Dos hermanos astronautas
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