sábado 28/5/22
                      javier cebollada
javier cebollada

efe

Con el convencimiento de que «la historia es un espejo en el que mirarnos para entendernos», el historiador aragonés José Luis Corral lanza su nueva novela, ‘Matar al rey’ (Ediciones B), en la que sumerge al lector en el reinado de Alfonso XI el Justiciero, un monarca castellano poco conocido, pero «trascendental» y «muy novelesco». Como relata en una entrevista con Efe, su fascinante historia, repleta de conjuras y de traición, da comienzo a una época de «violencia realmente extrema» que culmina con el reinado de su hijo, Pedro I el Cruel, con quien seguirá su bilogía en ‘Corona de sangre’, que verá la luz a finales de este año.

—‘Matar al rey’ es un relato de intrigas y conjuras para llegar al trono, aunque finalmente fue la peste negra la que se llevó a Alfonso XI…

—Así es. Él se convierte en rey de Castilla y de León a la edad de un año; era un niño y, por tanto, no podía reinar por razones obvias. Su abuela, María de Molina, y su madre, Constanza, tuvieron que echar el resto como mujeres poderosas y hacer lo posible y lo imposible para que esas intrigas no descabalgaran y no le usurparan el trono hasta que cumpliera la mayoría de edad. Esas mujeres lograron que el niño rey no fuera asesinado, porque había muchos intereses que querían que desapareciera.

—Ha mencionado a mujeres como María de Molina o Constanza de Portugal, ¿cuál fue su papel?

—El poder de las mujeres en esta época fue extraordinario. María de Molina, la abuela del rey, tuvo que lidiar con muchos problemas porque su hijo, Fernando IV, el padre de Alfonso XI, también subió al trono siendo menor de edad. (…) Fue una mujer que sostuvo el trono y es increíble cómo María de Padilla consigue que su hijo, primero, y luego su nieto no lo pierdan. Y eso significa que eran mujeres con mucho poder y mucha riqueza. Pero los historiadores las han orillado, como si no estuvieran en la historia, quitándoles el papel que tuvieron, que en este caso es el de protagonistas.

—Usted mismo define los reinados de Alfonso XI el Justiciero y de Pedro I el Cruel, de quien se ocupará en su próximo libro, como una de las épocas más violentas de la historia medieval hispana, ¿qué factores lo provocaron?

—En la historia siempre ha habido mucha violencia, y en la historia de España ha habido momentos de grandes violencias como la Guerra Civil, que es lo que más próximo y cercano está en nuestra memoria. Pero ha habido momentos durísimos; por ejemplo, las Guerras carlistas del siglo XIX. En Matar al rey, las guerras civiles que hay en Castilla son tremendas, pero, en la segunda parte, Corona de sangre, la guerra va más allá y se desata con brutalidad entre Castilla y Aragón. Toda la frontera sufrió unos destrozos tremendos: asalto a ciudades, muertes, asesinatos, violaciones, robos… Hay un ejemplo gráfico que es muy espectacular: el escudo de Cariñena, esta villa aragonesa famosa por sus vinos, tiene una cara sin nariz y sin orejas. Y es que en esta Guerra de los Dos Pedros los castellanos entraron a sangre y fuego y, como habían resistido al asedio de las tropas castellanas, el castigo fue cortarles las orejas y las narices a los mayores de edad.

—Y no solo había crueldad en la guerra…

—Sí, en Matar al rey se muestra cómo las luchas por el poder se dirimían matando al oponente; ahora lo que se hace es que te lo cargas políticamente. Pero entonces se mataba con verdadero pánico para que cundiera el ejemplo: cortar cabezas, envenenar, desollar, descuartizar a los cadáveres o exponer en las puertas de las ciudades las cabezas del vencido en una pica... Fue una época de una violencia realmente extrema.

—¿Es lo mismo el poder hoy que hace 700 años?

—Mmm… podría parecer que no. Desde luego, el poder democrático, afortunadamente, salvo casos muy concretos de asesinatos políticos, no mata. Pero está claro que, en las autocracias, como estamos viendo en Rusia, sí que mata. Putin se está comportando exactamente igual que se comportaría el hombre más salvaje del pasado. Hitler es un ser que empleó violencia contra los suyos, contra los opositores o contra las minorías de una forma terrible. La historia nos demuestra que hay ocasiones en las que los seres humanos, sobre todo los que tienen un poder totalitario, son capaces de los crímenes más execrables. Y no hay que irse a la Edad Media.

—¿Podemos aprender algo de la política medieval para comprender la situación actual?

—Sí, yo siempre digo que la historia es maestra de vida, la historia no se repite. Puede haber circunstancias parecidas: que Hitler invadiera Rusia tiene un paralelismo con la invasión de Putin de Ucrania, pero cambian las circunstancias. Sí que hay situaciones que se parecen mucho y la historia sirve para enseñarnos cómo pueden desembocar en consecuencias catastróficas parecidas.

«La historia no se repite, se parece»
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