lunes. 08.08.2022
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JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ

A la poesía breve se le pide que compense lo que pierde en extensión con la intensidad. De muchos modos se ha referido la crítica la poesía de la brevedad: esencialista, minimalista, poesía del silencio. El nombre importa poco; no así la descripción de una poesía en la que prima la economía verbal y la tensión entre palabra y silencio. «Yo trabajo el silencio, lo hago llama», escribió Alejandra Pizarnik; y en otro poema: «Los bordes del silencio de las cosas / lo callado que recorre la presencia de las cosas». Es la senda que recorre Ada Salas, la que expresó también Octavio Paz: la poesía «dice lo que callo, calla lo que digo». En estas páginas de Filandón hemos acompañado el signo poético de Ada Salas libro a libro. El último se titula ‘Arqueologías’. Y en efecto toda la primera parte la componen poemas que brotan de elementos arqueológicos: una estela, un sarcófago, un bajorrelieve….; «tiempo sólo en reposo», como dice un verso. Los poemas, a mi entender, tratan de despertar lo que permanece sepulto por lo siglos y de implicarnos en su posible sentido, que no es técnico, histórico o académico, sino poético, es decir intuitivo y sugerente, promovido por el sentir poético, pues «no hay tumba más profunda que el propio / corazón» y «el mismo beso / viene / atravesando los siglos». Y no se atiende solo al sentir, sino también a la indagación, desde la palabra poética, en una significación que nos concierne, sea la belleza que sorprendemos en lo que dura frente a la acción del tiempo (una diadema, una taracea…), sea a lo que pese a la oscuridad que conlleva es aún fértil («en lo oscuro fecundo») o sea a lo que hemos acabado convirtiendo en elemento simbólico (una jarra, una sortija o un templo).

La parte segunda, Civitas de título, comienza proponiendo lo de «dentro» de donde brota todo: «Hay una claridad que viene desde dentro»; otro poema propone «de-volverse hacia lo dentro». Eso no significa desechar la belleza de fuera, como se aprecia leyendo el extenso poema «Tiempo» (los poemas de esta segunda parte tienden a la expansión sin perder intensidad); en él se alude a tres tiempos: la niñez (asombro, gozo de las sensaciones), la plenitud vital y el momento en el que gana el recuerdo, la añoranza del gozo natural, «sintiéndose / partícipe / de toda esa belleza», estimándose «una Eva en el / paraíso expulsada». Poemas como ‘Orión’, ‘Espina’, ‘Moras’ y ‘Bañista’ me parecen extraordinarios, sin aquí pueda referirme a ellos.

Intensidad, la palabra que busco
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