domingo. 25.09.2022

Las enciclopedias sitúan el origen del término ‘au pair’, expresión francesa que se puede traducir como «a la par», en una cita del novelista Honoré de Balzac, que describió de esa manera a una empleada que parecía disfrutar de igualdad con su patrón. La popularidad como ocupación habría crecido tras la Segunda Guerra Mundial.

Lucy Lethbridge cuenta en ‘Servants’, sirvientes, que en 1964, agencias habían llevado a Reino Unido a 20.000 chicas para trabajar como ‘au pair’. La tarea era entonces restringida a mujeres y las fantasías produjeron literatura sobre «duras y mercenarias» chicas francesas que conquistaban al marido de la casa vecina o jóvenes nórdicas con una libertad sexual que consumía a los adolescentes locales.

En 1969, el Consejo de Europa promovió un acuerdo internacional para la regulación común, que recomendaba normas y contratos. España lo ratificó en 1988, pero, una década antes, una mujer suiza ya había creado en Barcelona la primera agencia en España. Pertenecía a una familia que extendió la actividad por varios países europeos.

Victoria Vicente aprendió el oficio en la agencia, ‘Au Pair Internacional’ y la compró a su fundadora. Su actividad se extendió en España y por diferentes países de Europa, América y Asia. Reclutaba también a jóvenes deseosos de aprender inglés como empleados para la hostelería británica, siempre necesitada de mano de obra extranjera.

Recuerda el tiempo en el que la aspirante a ‘au pair’ necesitaba una carta de la familia para entrar en Reino Unido y que Sara Montiel tenía chicas extranjeras en su casa. No ve una solución inmediata al problema creado con el Brexit. Trabaja con agencias en Irlanda, pero ese mercado no puede satisfacer toda la demanda.

Tras el bajón de actividad en la pandemia y el cierre de Reino Unido, disolverá la agencia este otoño y se jubilará. Como otras gestoras del sector, Vicente reconoce que hay familias que abusan de la ‘au pair’, pero que se destacan las malas noticias cuando la experiencia general es positiva.

Ethan Blasco cuenta que, en el grupo de cincuenta que tienen en WhatsApp los ‘au pair’ de su zona, sólo dos han tenido problemas, uno de ellos por su culpa y otra chica con una familia musulmana que le exigía seguir normas de su fe.

INTERCAMBIO INTERNACIONAL DESDE HACE 70 AÑOS
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