lunes. 27.06.2022
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alfonso garcía

Narrar, novelar hechos históricos como la misteriosa situación producida en 1692 en Salem con el tema de la brujería no es tarea fácil. Más bien, comprometida, a no ser que se resuelva con un enfoque original y nunca antes explorado, recurriendo al juez principal del caso. Tal ocurre en la novela de la leonesa Mercedes Fisteus (Villablino, 1995).

Cuando el juez William Stoughton está a punto de terminar con su agonía, un misterioso anciano, Verbouc, le hará cambiar el curso de sus actos para emprender un viaje insospechado, «burlado el tiempo y el espacio» —sueños, situaciones diversas y difíciles, aventuras…—.

A la vuelta, sin embargo, llegó «demasiado cambiado». Entendía que sacrificarse era la única manera para arrojar luz. «Había locura tras cada puerta y cada mirada». Y a él «le habían reventado todos los intentos para parar esa atrocidad y se encontraba solo y desnudo».

Será ahora el lector quien se acerque al desarrollo de los acontecimientos y sus detalles, en un despliegue literario que consigue mantener la tensión, el interés por saber qué ocurrirá.

Es una de las características que se pide a una buena novela. Y esta lo es, capaz de crear el tono de una atmósfera entre misteriosa e inquietante. O ambas cosas a la vez. Pero con una prosa fresca y suelta que se sustantiva, a mi juicio, en las descripciones, muy precisas y ricas, el atractivo dibujo de los personajes y diálogos siempre elocuentes.

Una estructura narrativa bien tejida, en la que, al margen del apunte subyacente de una historia de amor, es interesante la interpolación o alternancia de historias, la básica, claro, desde la experiencia vivida en la cercanía.

El juicio sobre las brujas de Salem
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