miércoles 16/6/21

La otra lucha contra el virus

Convive con el coronavirus en un lugar donde la vida no se ha parado. La economía, tampoco. El ingeniero leonés Sergio Piñuelo forma parte de un grupo de expatriados que batalla por mantener a flote las inversiones españolas en el extranjero. Serán un respirador para el país. Así es su vida. Así han contenido en Hong Kong la pandemia
Vista de Hong Kong, una ciudad elevada al cielo en onde el espacio es tan reducido que sus rascacielos más que torres son pináculos. Viven 7,5 millones de habitantes prácticamente apiñados pero la pandemia de Covid-19 no ha bloqueado su economía. Las mascarillas son obligatorias para salir de casa y la higiene, extrema. Hay dispensadores de hidrogel repartidos por toda la ciudad y las medidas higiénicas son extremas pero ni se ha cerrado el metro ni los restaurates aunque las restricciones si han llegado a cines y lugares de esparcimiento comunes. Están prohibidas las reuniones de trabajo pero no ir a trabajar. El país sigue en marcha.

Tiene un fuerte compromiso. Con su empresa y con su país. España. Por eso sigue allí, en Hong Kong. El leonés Sergio Piñuelo llegó con su familia pocos días antes de que estallara la crisis del coronavirus. Apenas llevaban dos días escolarizados sus hijos, Ángela y Miguel, de 10 y 6 años, cuando el gobierno de esta ciudad con estatuto de autonomía china que de facto es una ciudad-Estado decretó el cierre de los colegios y universidades. Fue el primer paso. Luego vinieron la prohibición de las reuniones, el teletrabajo y las medidas extremas de higiene. «Extremas», enfatiza Piñuelo. Eso, y las mascarillas. «Aquí son obligatorias», dice. «No puedes salir a la calle sin ellas», añade.

Sergio Piñuelo y su familia no sabían nada de coronavirus cuando llegaron desde Arabia Saudí a Hong Kong, pero el país en el que aterrizaban sí. Mucho. En febrero de 2003, sufrió la sacudida del Sars, el síndrome agudo respiratorio severo, una especie de neumonía atípica que convirtió el territorio en el epicentro de la epidemia.

El brote había llegado de la provincia china de Yunái y se extendió con facilidad por Hong Kong, Hanoi, Singapur, Taiwán y Cantón. Todavía no hay cura ni vacuna. De aquella epidemia, con un porcentaje de mortalidad del 18,5, Hong Kong aprendió que tendría que prepararse para más. Lo hizo. El 22 de enero se registró el primer caso confirmado de Covid-19. Se pusieron en guardia y en marcha. Hace seis días, solo tenían 915 infectados y cuatro muertos.

No ha habido confinamiento. «Aquí eso es imposible», relata Piñuelo. Viven 7,5 millones de habitantes en una franja híper poblada. El espacio es un lujo que no se pueden permitir. Y los rascacielos son como pináculos. Todo elevado al cielo.

En Hong Kong han contenido la pandemia del Covid sin bloqueo económico, el país sigue en marcha

A la locura del traslado, el viaje, la búsqueda de casa y colegio y el cambio de vida, otro más después de Argelia, Ghana, Turquía, Yeda y Riad, la familia Piñuelo Cordero sumó la alarma por el coronavirus. Así que otro avión los trajo de vuelta a León. A todos menos a Sergio.

Él ha optado por seguir allí. Trabaja en la construcción de una planta desaladora de agua marina, un proyecto de una empresa española.

Ni se ha planteado su regreso. Forma parte de ese grupo de expatriados empeñados en mantener a flote las inversiones de España en el extranjero. Se comunican a través de varios grupos de WhatsApp. Todos participan de la misma filosofía: mantener las fuentes externas de ingresos, certificar obras y generar riqueza. Con la crisis económica después de la sanitaria, creen que será vital para sus empresas, y para el país, los recursos generados en el extranjero. «Una especie de respirador en la Uci», explica Sergio Piñuelo.

Lo que está pasando ahora en España él ya lo ha vivido en Hong Kong. Con dos meses de diferencia. «Lo que sucede en Europa lo hemos visto aquí ya», cuenta.

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«Aquí fue igual. La psicosis primero, luego el pánico al contagio, el cierre de escuelas, universidades y lugares de entretenimiento masivo como cines, avalanchas en los supermercados para comprar arroz, pasta y papel higiénico, en eso no hemos sido muy originales en España, el llamamiento al teletrabajo y un confinamiento parcial porque aquí te dejan ir a trabajar y los restaurantes siguen abiertos pero al estar los funcionarios trabajando en casa y los niños y adolescentes si colegios pues ha disminuido mucho la cantidad de gente que hay por la calle», cuenta este ingeniero de minas leonés.

De cómo han organizado en Hong Kong la lucha contra el coronavirus se pueden extraer algunas lecciones válidas.

«Cuando todo esto estalló, mis compañeros me dijeron que no me preocupara. ‘Tú haz lo que te digamos, que nosotros sabemos lo que tenemos que hacer’, me dijeron. Y es lo que he hecho», explica.

«Aquí no te dejan salir sin mascarilla a la calle, las venden en cualquier lugar, incluso en puestos callejeros y la propia empresa en la que trabajas te las facilita, tres o cuatro por semana, en todas las calles hay puestos de hidrogel para las manos y, por supuesto, en el metro, restaurantes y lugares de trabajo, pero sorprende que los haya en cualquier calle de Hong Kong, han clausurado todos los espacios de esparcimiento, están cerradas las escaleras de los edificios, las salas de reuniones y los espacios comunes, funcionarios dependientes del sistema de salud nacional te toman la temperatura al entrar a edificios públicos y empresas, lo mismo hacen los empleados de restaurantes y puestos de comida, con cualquier síntoma te aíslan y rastrean a quienes han estado en contacto contigo, han cerrado el acceso al país y si vienes de cualquier sitio que no sea Macao, Taiwán o China tienes que guardar 14 días de cuarentena en tu casa y si no tienes domicilio entonces en un lugar que ellos te indican, incluso hay un decreto en el que te especifican el precio de la cuarentena, lo que te van a costar los 14 días, porque esa medida de prevención te la tienes que pagar tú. Y, sobre todo, lo que hay es mucha disciplina y unas medidas de higiene extremas. Está todo Hong Kong lleno de carteles indicándote qué tienes que hacer», narra este leonés.

No hay bloqueo económico. El país sigue funcionando. No hay recortes ni ertes ni despidos. La economía no se ha resentido.

«Aquí todo está en marcha. Todo está abierto. Y la gente sigue yendo a los restaurantes, aunque con medidas de seguridad como guardar una cierta distancia. Aquí se identifica a los contagiados, se les aísla y se les cura», explica.

Les ayuda, también, su cultura, de menos proximidad que la mediterránea, y su disciplina social.

A Piñuelo, como a tanta gente, le preocupa las consecuencias económicas una vez superada la crisis sanitaria y elaborado el duelo por la gente que ha fallecidos o ha sufrido la enfermedad. Por eso, como el resto de los expatriados de su grupo, mantiene la moral alta y una fuerte motivación.

«Creemos que una vez que pase todo esto podemos ser de ayuda a nuestro país», añade. Y en eso está, en esa otra lucha contra el virus.

La otra lucha contra el virus
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