viernes 20/5/22
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josé enrique martínez

En el IV Certamen de Poesía Manuela López, patrocinado por el Ayuntamiento de Cacabelos, resultó ganador el cubano Rubiel G. Labarta con su poemario De regreso a la estación vacía. Poeta muy laureado en su país, Rubiel nos llega con un hermoso título en el que vida, tiempo y memoria asoman como preocupaciones vertidas en sucesivos poemas en prosa, un género que en España había culminado con libros como Platero y yo y Ocnos y que en Hispanoamérica cultivaron tempranamente Darío y Vallejo entre otros.

Advertimos desde el comienzo el lirismo esencial, meditativo y emotivo de los textos de Labarta, de los que se desprende que la vida es viaje a no se sabe dónde, y que el hombre no es otra cosa que viajero que va dejando pérdidas, por más que «ese inabarcable lugar que es la memoria» active recuerdos dispersos acompañados por la nostalgia de lo perdido; la nostalgia es un sentimiento de tristeza ante lo irrecuperable, ante lo que ya no volverá, y el lector se sentirá empapado por de la densa niebla de la melancolía. Imágenes como la casa que se desmorona o el vaso de vidrio que se rompe subrayan «los inventarios de la derrota», entre los que están también los sueños que no se cumplieron.

La casa, principalmente, es un elemento simbólico esencial sobre el tiempo que no retorna, las ausencias y el desgaste de los seres y las cosas. «Nada» y «nadie» son voces asimismo muy invocadas. «Nada» se titula precisamente la parte última del poemario, en la que la muerte está muy presente, finalizando con estas interrogaciones: «¿Qué has de llevarte, oh Muerte? ¿Qué nos dejas?». Turbia sería la respuesta. La poesía, vago consuelo, intentaría «salvar ciertos fragmentos... creyendo que son la eternidad». Es curioso que un conocido poema de Colinas sirva de horma para otro del cubano. Si el de Colinas comenzaba: «Escuchadme, Señor», el del cubano dice: «Escúchame Lezama». Los versos colinianos se transparentan para poetizar una situación semejante.

Escribe el cubano: «Es hermoso ser soldado en las noches de Roma», «me persiguen los perros del cansancio»; «Leo a Homero, a Dante y a Virgilio y escucho de mis días entre los héroes»; había escrito Colinas: «es hermoso ser soldado en las noches ardientes de Corfú», «me persiguen los lobos del Santo Oficio», «traduzco a Homero, escribo de mis días de entonces»; reminiscencias adrede, naturalmente, versos que la memoria lectora aporta desde la enciclopedia y el gozo del saber y la poesía.

El laberinto de los días
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