miércoles 8/12/21

Lo más sencillo no implica simplicidad. Ni mucho menos. La receta del éxito a veces se sigue detrás de un cartel con un nombre común. No hay mentira. Sólo información y un mensaje claro: aquí, como toda la vida, lo importante son el producto y el servicio. La máxima se respeta de manera escrupulosa en el Bar Churerría La Plaza, ubicado en la zona que le da nombre de la localidad de Benavides de Órbigo, donde generaciones de leoneses y visitantes cumplen con la peregrinación para probar no sólo los churros y el chocolate de Santocildes que forman parte del escaparate del establecimiento, sino también las patatas fritas de churrería, las tapas, sobre todo la especialidad de los callos, y el esmerado trato que dispensan Santos Guerra, su mujer María Dolores Viyeira y su equipo.

El negocio acumula 32 años. Desde que Santos Guerra decidió dejar el lúpulo y el ganado para ocupar la ausencia que había dejado el cierre de las churrerías que siempre había habido en Benavides de Órbigo. La oportunidad encontró acomodo en el empeño profesional con el que el hostelero ha sabido convertir los churros y chocolate en el complemento para levantar un bar que hace a todo; un establecimiento, amplio y con un patio interior coqueto, que figura en el mapa como parada ineludible para todos los habitantes de la contorna y lugar de reunión para los vecinos.

El éxito se apoya en los churros, aunque los churros «no tienen secreto», como concede Santos Guerra. «Agua con sal, harina buena de la fábrica de aquí, de La Concepción, y hacer la masa rápida. Los puedo hacer con los ojos cerrados», detalla para revelar el ceremonial que le cita cada día —salvo los martes, que descansan— desde las 07.00 horas para preparar la masa porque abre al público a las 07.30 horas y cierra «cuando la gente marcha». Producto y servicio. Nada más. La receta del lujo de lo sencillo.

el lujo de lo sencillo
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