jueves 19/5/22
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josé enrique martínez

A los poemarios La víspera (2014) y Saltar la hoguera (2019) sucede Vieja escuela, con el que el poeta asturiano Rodrigo Olay ha conseguido un accésit del último premio Adonáis. En ocasiones anteriores he celebrado, entre otras cosas, la destreza formal, la reelaboración de las formas tradicionales y las lecturas que sus versos reflejan, aspectos que reaparecen en el nuevo libro, uno de cuyos versos dice: «Como son treinta años los que tengo...». El verso indica el carácter autobiográfico del poemario, en el que percibo una convivencia familiar en la que entran, además, amigos, poetas y versos que arriban a la memoria, creando un parentesco actualizado por el recuerdo, el cariño y la amistad. Podríamos caer en la tentación de fijarnos solo en el alarde técnico y en la afluencia de lecturas, incluso de poetas de su generación, pudiendo titular un poema A partir de un verso de Martha Asunción Alonso, poeta madrileña de 1986, cuyos libros hemos seguido en Filandón. El dominio de los recursos métricos por parte de Olay es evidente y se muestra elocuentemente en la composición de una sextina, estrofa cuya perversa complejidad es bien conocida; el otro, Foncalada 27, está compuesto en liras luisianas, sin evitar citas del renacentista o procedimientos como los encabalgamientos en -mente; pero el poeta remoza la vieja fórmula, a la manera de Antonio Carvajal, por ejemplo, acudiendo al encabalgamiento interestrófico o al final de verso en partícula átona: «En los días peores, / cuando sangraba el mundo alrededor / entre aciagos fragores, / los dos velamos por / el austro, que recuerda los amores».

El poeta mismo nos previene contra la manía de indagar en la presencia de versos ajenos entre los suyos («Que si Borges, que d’Ors gotas / de Juaristi...», «visteis cita tras cita»), dejando al margen el fondo de humanidad de sus rimas: «¿Y el dolor? En mis poemas / solo es mío lo peor», «Un día entenderéis, y será tarde, / que sé que es solo verso lo que arde / y que toda mi sangre está en mi obra». Y es que Olay nos habla de la vida. De hecho, el poemario comienza con un poema que apunta: «yo solo sé de mí que amé vivir, / que alegría se impuso a enfermedad»; y termina: «Solamente me queda, solamente, / vivir, vivir, vivir», y en ese vivir asoman asuntos profundos como la muerte que completa la vida, el tiempo o el amor en Media vida, poema que expresa el deseo no solo de convivir en el ahora, sino de «conmorir con quien se ama».

Con morir con quien se ama
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