martes 17/5/22
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Javier Vela (Madrid, 1981), premios Loewe e Iberoamericano de Poesía, acaba de publicar su primer libro de cuentos con «Guía de Pasos Perdidos» (Páginas de Espuma), en lo que supone, según explica «la consumación de una voluntad prefigurada» y un acercamiento a un género que es «como el salto por piedras para cruzar un río». Javier Vela cuenta que viene acercándose al género del cuento desde 2017, cuando publicó «Pequeñas sediciones», aunque confiesa que «había ido camuflando algunos textos de condición similar» en trabajos anteriores. Su nuevo libro incluye cuentos compuestos durante más de una década, desde 2009, «Afectos personales», a 2020, «Guía de pasos perdidos», y revela que llegaron a existir, al menos, otra docena de ellos que terminó sacando del conjunto «de acuerdo a una premisa común entre los músicos y enormemente útil para los escritores, según la cual un disco, o un libro en este caso, resultaría tan bueno como el peor de sus temas». Vela explica que todos los cuentos siguen una secuencia temática comprendida entre la infancia y el principio de la adultez, y tienen como protagonistas a personajes unidos por el desamparo, la orfandad y la pérdida. «Son seres solitarios o que aspiran a refugiarse en la soledad. Es cierto que hay dos cuentos («Una historia de América» y «Cuento del pescador») donde se aborda asimismo el tema de la huida ante el espejo de la vejez, pero se hace asumiendo en ambos casos que ese gesto «sociófugo» sea un modo particular de liberación y una forma de recuperar el control sobre el propio destino», detalla.

Los personajes están unidos por la pérdida o por pérdidas de distinta especie: familiares, conyugales, identitarias...de forma que todos experimentan alguna forma de orfandad, ya sea real o simbólica, y varios de ellos huyen, según el escritor, «en pos de un espacio propio en el que sean capaces de recobrar el mundo que han perdido o les ha sido usurpado». El autor desgrana que casi todos emanan de su pasado biográfico, pero aclara que esos recuerdos han sido sesgados «en beneficio de la narración». «Más bien impera la fábula. Lo que sí existe es cierta fidelidad de imágenes, ideas y sensaciones muy vinculadas a mi experiencia de vida. Aquellas obsesiones que no nombramos a tiempo terminan convirtiéndose en vinagre freudiano, así que trato de conjurar mis fantasmas de una manera crítica o irónica», asegura.

Piedras que nos permiten cruzar el río
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