sábado 26/9/20
José Antonio Martínez (Poeta)

«No se premia por vivir; la vida es el premio»

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Jose Antonio Martínez es una rara avis. De tanto perderse en las islas griegas, ha descubierto que la única manera de no quedarte en el reino de Hades es aspirar a Ulises y no a Aquiles. Él lo hace y por eso es un poeta desconocido a pesar de que su voz poética es radicalmente original. La muerte, la vida, el amor, en sus versos no hay nada accesorio, no pretende escribir con sirope que nos borre el sabor elemental ni con confeti para deslumbrar. Es poeta por encima de todas las cosas: «Sería un error ser un Diógenes de lo innecesario», dice.

—Tus versos me recuerdan a Borges. ¿Es intencionado?

—El arca de los dones. La esencialidad de la palabra. La contingencia y la idea. Borges está siempre.

—Hay un poema que me ha conmovido especialmente: Tanta noche para un solo día, tanta tierra en mitad del vacío. Es imposible explicar con más belleza la contingencia de todo.

—Es tremendamente humano. La conmoción de que suceda cuanto imprevisto que no esperamos,la soledad para encarar el destino desprovistos de experiencias. Estamos reescribiéndonos como especie cada día.

La épica, como la Odisea, radica en que nadie nos asegura que la expedición salga adelante»

—¿De emboscadas es un libro sobre la semántica y su relación con la realidad o con nuestra realidad?

—Una emboscada es una traición, pero también es una oportunidad de salvarse. Las palabras, que se doblan, que se mastican, que nos explican el mundo...bailan como esa metáfora.

—Recuerdo a Vallejo ¿Hay poesía sin compromiso?

—Depende de con quién debas comprometerte. En época de Vallejo estaba más claro. O eso nos parece ahora. Fíjate, dentro de 50 u 80 años el futuro nos mostrará todas las terribles incoherencias que como sociedad hoy tenemos. Pero nosotros, hoy, no las vemos. Quizás no queremos verlas o no nos dejan. Los intereses de unos chocan frontalmente contra los intereses de tantos. El compromiso, se le presume teóricamente al ser humano pero sabemos que solo se pide ayuda cuando el agua amenaza hundirte. Es muy complejo el compromiso. A veces amenaza la libertad de los otros.

—¿La libertad es siempre la libertad del otro?

—Sí. Pero esa idea choca contra el instinto humano. Hay que fabricarla. Es como la riqueza. Antes de repartirla hay que crearla,de lo contrario repartes pobreza. Y es tan sencillo darle la vuelta a la palabra libertad... Está tan cerca de la esclavitud.. Aunque no lo creamos, miren a su alrededor.

«El compromiso se le presume al ser humano, pero es muy complejo. A veces amenaza la libertad de los otros»

—Explícamelo con un verso.

—Como un algodón quemado, te la encuentras/la pequeña pepita de un olivo,/como un sol de noche en tus sandalias.Ha sido boca de ceniza el pómez turbio /el grafito negruzco de su óvalo/

—¿Cómo se titula?

—Atardecer en Akrotiri, una ciudad minoica en las Cícladas, de hace 3.000 años.

—¿Pertenece a Islotes, tu nuevo poemario. ¿Cuál es su simiente?

—Ningún hombre es una isla. Ni siquiera un islote. Como mucho, y en nuestra individualización abstracta un resto de naufragio que navega a la deriva en busca de refugio. La misma isla. La que nos aísla y nos da refugio, pero a la vez la única que nos obliga a poner nuestro destino en la cooperación. Como señala Harari, sólo saldremos adelante si somos conscientes de nuestra debilidad como especie y sumamos esfuerzos para enfrentar el futuro juntos. De ahí venimos y esa es nuestra credencial o nuestra salvaguarda para el porvenir. Este será cooperativo o no será. El verso de Donne resonaba ya en la epopeya griega cuando los reyes aqueos atendieron la llamada de Menélao y condujeron sus trirremes griegos para rescatar a Helena. Lejos de la mitología, en la vida real todos sabemos que nuestra unión suma y así debiéramos encarar nuestro futuro,atacado ahora por un enemigo invisible que nos obliga de nuevo a repensar nuestra forma de isla. Islotes recrea un viaje,a medio camino entre la realidad y la imaginación por las islas Cícladas, el Dodecaneso o las islas del Jónico buscando a una Helena hecha de palabras que nos fuerce a dejar nuestro palacio aislado para iniciar un viaje que proteja a nuestra especie. La épica, como la Odisea, radica en que nadie nos asegura que la expedición salga adelante. Y quizás no nos sirva ya el camino, como nos sugirió Kavafis hace un siglo.

«Sería terrible ser un Diógenes de lo innecesario. Para recorrer un camino hay que partir de dónde venimos»

—¿Cómo ha cambiado tu voz? ¿Recuerdas tus primeros poemas?

—Unos poemillas que imitaban a Gloria Fuertes. Y luego imitábamos a quienes nos gustaban: Gamoneda, el Llamazares de Memoria de la Nieve o La lentitud de los bueyes, Colinas.. Todo aquel que escribía poesía nos interesaba y como esponjas absorbíamos cuanto nos interesaba. Evolucionar me imagino que es el proceso inverso,es ir abandonando referencias, ir soltando el lastre intelectual para quedarse con lo esencial. La evolución de Juan Ramón Jiménez, desde el Modernismo al Dios deseado y desecante.

—¿Ocurre lo mismo con la vida? Ese Juan Ramón del que hablas también tuvo su camino a Damasco en su compromiso.

—Claro. Seria terrible ser un Diógenes de lo innecesario. La cuestión es saber qué es lo necesario. Para recorrer un camino hay que partir de dónde venimos. Nuestra única linterna es la memoria y el conocimiento previo. Quizá el compromiso también sea ese ideal ilustrado.

—Me gusta ese oxímoron: Diógenes de lo innecesario.

—Todos nosotros lo somos. El miedo lo invade todo. Creemos en falsas seguridades. Una maleta para un viaje...Si eso fuera la vida...qué meteríamos?

—Con medio siglo de vida, supongo que lo importante es decir qué hemos decidido meter en la maleta. Ya no hay tiempo para cambiarla.

—Jabón. Alguna aspirina. Algo de ropa y de dinero. Y a nivel espiritual, versos de Manrique, de Borges, de Juan Ramón...Pero sobre todo una mente abierta y poco peso. Cuando envejeces ,tu maleta merma. Pero miras mas. Y mejor.

—¿Hacia dónde se diriges tu mirada?

—Hacia el mundo que heredarán mis tres hijas y si yo habré contribuido en algo para que les sirva.

—Jorge Manrique... Al final, la muerte es la única pregunta.

—Sí y no. Es que nadie cree de verdad que va a morirse hasta que es demasiado tarde. Vivir es ir muriendo lentamente pero es el mejor regalo frente a ella.

—¿Por qué un poeta tan brillante es tan desconocido? ¿Es un acto de insolencia?

—Te agradezco el piropo, que no comparto. La verdadera belleza es un proceso, hay que buscarla y restañar las heridas que te van dejando por el camino. Miren sus cicatrices. Ellas nos reescriben.

—Sí, pero no me has contestado a la pregunta.

—Volvamos a la minoría de Juan Ramón frente a otras mayorías. Todo el mundo puede buscar la belleza. Es un acto de libertad. No debemos enseñar los caminos. Busquen y disfruten. No se premia por vivir. La vida en sí es el premio.

—¿Como nos afectará la era postCovid?

—La verdadera vacuna debiera ser contra el miedo aunque me temo, con Ángel González, que la vida ahora corta como un cuchillo. Ojalá no se levanten muros ni fronteras. Ojalá podamos ser libres y seguir tocándonos.

—Hemos llegado a un momento en el que parece que el cuerpo es diferente de la mente, el alma, la capacidad de objetivarnos en el mundo. Sin embargo, creo que no puede entenderse uno sin el otro. Este mundo que se avecina, en el que el contacto social, puede que se proscriba. ¿Cómo nos afectará?

—Todo cambio sirve para enterrar unas cosas y aflorar otras. Si somos capaces de redefinir nuestra situación como especie y nuestra relación con otras especies que pueblan la tierra, que también sienten,como los animales y las plantas,habremos avanzado. De lo contrario,también avanzaremos, pero hacia atrás. Dejémosles estas respuestas a los científicos. Ellos nos iluminarán.

—Nos queda poco, Toni, y todo ha pasado demasiado rápido. Te sientes ya capaz de escribir sobre los días azules y el sol de la infancia?

—Sí. Los días azules y el sol existen hoy, se pueden encontrar en un barco entre Brindisi y Corfú, como nos enseñó Lawrence Durrell. Así que no hay que escribir sobre ellos, hay que vivirlos.

«No se premia por vivir; la vida es el premio»
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