viernes. 09.12.2022

El Gobierno tiene una tarea ingente que afrontar, y que su labor sería más fácil si contara con una base sólida en que apoyarse, participada por el poder y por la oposición. Los quehaceres del inmediato futuro son los siguientes: en primer lugar, hay que encajar los 140.000 millones deeuros procedentes de Bruselas entre 2020 y 2021, que no sólo han de reparar las averías causadas por la pandemia sino también impulsar la modernización que pretende la Unión Europea de forma que la salida de la crisis no sea una realidad averiada sino un escenario de modernidad. Las inversiones han de centrarse, por tanto, en los tres objetivos marcados por la comisión: digitalización, descarbonización y formación.

En segundo lugar, hay que ponderar con objetividad las necesidades reales de este país, dado que la pandemia se ha reproducido poco después del desconfinamiento y estamos sumidos en un proceso de desenlace desconocido.

En tercer lugar, el país tiene pendientes determinadas reformas estructurales que son necesarias para que la proyectada modernización pueda tener lugar. No existe una condicionalidad estricta, como es notorio, que vincule las ayudas europeas a las reformas internas, pero sí es preciso avanzar en los cambios estructurales si queremos que la modernización tenga donde sustentarse. Tales reformas estructurales son básicamente tres: una, la de la seguridad social; como ha explicado con caridad la Airef, no se trata de introducir recortes sino de conseguir la sostenibilidad mediante una atribución correcta del gasto. Ni las ayudas/pensiones no contributivas ni otras partidas que hoy son financiadas con cargo a la Seguridad Social deben permanecer en esta situación. Urge por tanto modificar la estructura presupuestaria, y si así se hace y se reequilibran ingresos y gastos, no será necesario renunciar a la actualización de las prestaciones con el IPC.

La segunda reforma pendiente es la laboral, que debe restituir a los trabajadores el derecho de negociación colectiva, quebrantado por la prevalencia del convenio de empresas sobre el de sector, y que ha de reducir la temporalidad reduciéndola a aquellas tareas que son realmente temporales. Y la tercera es la elaboración de una nueva norma de estabilidad presupuestaria, vinculada a la reforma fiscal que no puede demorarse. Todo esto ha de hacerse de un modo u otro, y es triste que la oposición no entienda que también está convocada a la ceremonia.

Reconstrucción
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