domingo 9/5/21

REINO UNIDO CIERRA LA PUERTA A LOS ‘AU PAIR’

El destino preferido de jóvenes españoles para aprender inglés viviendo con una familia exige ahora visado de inmigrante. Es lo que trae el ‘brexit’
Una bandera británica ondea junto al Big Ben de Londres. Un guardia del Regimiento Real de Caballería de su majestad la reina de Inglaterra soporta impávido las inclemencias del tiempo sobre su caballo en la Horseguards Parade de Londres. Dos niños juegan en un parque

Ethan Blasco acaba de cumplir 22 años y no tiene más que buenas palabras sobre la localidad en la que vive, Weybridge, una villa con unos 30.000 habitantes en el oeste de Londres. Describe a la pareja que le acoge desde septiembre con términos también afectuosos. Le han facilitado la integración en la familia y en el país, le tratan con confianza. Es, al fin y al cabo, como un hermano mayor para su hijo de 7 años.

El joven valenciano pertenece al último grupo de europeos que podrá disfrutar de esa experiencia. Porque el ‘brexit’ ha deparado la sorpresa de que se comercien un mes después más acciones en la bolsa de Amsterdam que en la de Londres, de que algunos marisqueros escoceses no puedan exportar y el descubrimiento de que ya no se permite la entrada de ‘au pair’ en Reino Unido.

Los gobiernos británicos han dado prioridad en los últimos cinco años al fin del movimiento libre de personas en la Unión Europea y el 1 de enero entró en vigor una nueva ley de inmigración. Exige visados a los extranjeros que busquen un trabajo remunerado. Entre los requisitos se incluye que quienes tengan una oferta para cuidar niños han de recibir un salario anual mínimo de unos 23.000 euros.

Blasco puede permanecer en Reino Unido porque llegó antes del fin de 2020 y ha solicitado, al igual que otros 250.000 españoles, el estatuto de asentado. El suyo es provisional, porque debe pasar cinco años de residencia para que se le reconozcan todos los derechos de los ciudadanos comunitarios asentados en el país. Puede y quiere continuar con su actual trabajo. La paga es de 114 euros por unas 25 horas semanales. Pero tiene su propia habitación, come y cena con la familia, tiene tiempo para estudiar inglés y así complementar su grado superior de animación y actividades físico deportivas (Tafad). Quiere conocer más lugares y facetas de «uno de los mejores países del mundo», cuando terminen las restricciones por la pandemia.

Tanto él como Laura Martín, fundadora de la agencia Servihogar, que también le organizó su primera experiencia como ‘au pair’, hace cuatro años en Escocia, mencionan en la conversación un argumento común entre los afectados por esta sorpresa del ‘brexit’. «El programa ‘au pair’ ha de tratarse como un intercambio cultural y no como un empleo», afirman.

¿Qué motiva a las chicas alemanas, suecas u holandesas que piden a Martín una familia española para pasar con ella un curso? ¿La promesa de setenta euros semanales a cambio de cuidar a los niños y de hacer alguna tarea doméstica? No. Quieren mejorar su conocimiento del español, al igual que Ethan Blasco con el inglés. Ya prepara el examen para el nivel intermedio B1.

No todo son parabienes sobre el estatuto de ‘au pair’. Cuando Peter Foster publicó en la red social Twitter su artículo del ‘Financial Times’ sobre el fin de un intercambio del que se beneficiarían al menos 45.000 familias británicas, una cascada de reproches cayó sobre el autor por preocuparse por quienes «explotan de manera descarnada a jóvenes extranjeros como esclavos modernos», según una réplica.

La respuesta del Ministerio de Interior británico a Jamie Shackell, presidenta de Bapaa, asociación de agencias de ‘au pair’, sugiere que el final es bienvenido. «La inmigración ha de considerarse junto al desarrollo de la mano de obra de Reino Unido en vez de como una alternativa», decía la carta. Y recomendaba que las familias ofrezcan mejores condiciones para atraer a inmigrantes con visado.

Cynthia Cary, que creó hace doce años la agencia Rainbow en Inglaterra y ha tenido en Servihogar una referencia para reclutar a sus ‘au pair’, ha perdido más del 90% de su negocio, que se surtía de jóvenes comunitarios. Ve «un futuro lúgubre» para su empresa. Intentará ahora reclutar directamente a estudiantes que han pospuesto su marcha a la Universidad por la pandemia o a nuevos inmigrantes.

Se pondrá a prueba la voluntad de jóvenes británicos, o de australianos y neozelandeses que se benefician de visados temporales para jóvenes extranjeros, de vivir con una familia y trabajar por el salario mínimo las horas contratadas, cuando ya conocen el idioma y la cultura. La pérdida de ‘au pair’ perjudicará especialmente a familias monoparentales o en las que ambos cónyuges trabajan.

Las agencias españolas asociadas en Aepa quisieran ver la creación de un visado especial para ‘au pair’, como existen en Alemania, Holanda y otros países de la UE. Facilitaría quizás la apertura de un canal de reciprocidad con Reino Unido, pero los gobiernos parecen por el momento indiferentes.

Laura Martin vivió en Newcastle cuatro meses memorables hace treinta años con la familia de un diputado y Ethan Blasco se muestra exultante a pesar de las limitaciones de la pandemia. Pero el destino preferido de jóvenes españoles, sin recursos para pagar cursos de inglés y una estancia prolongada en Reino Unido, ha cerrado su puerta a la extraordinaria experiencia juvenil de integrarse por un tiempo en una familia de la que se desconocen el idioma y sus costumbres.

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