viernes 14/5/21

‘resucitados’ hace un siglo

El libro ‘historia de los comuneros de león y de su influencia en el movimiento general de castilla’ fue publicado en el año 1916 por eloy díaz-jimenez y molleda
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En el ejemplar del jueves 15 de junio de 1916 de Diario de León, en un espacio destinado a ‘Libros y revistas’ se dedicaba un amplio artículo a una importante novedad literaria. El filólogo e historiador leonés Eloy Díaz-Jimenez y Molleda publicaba un estudio monográfico sobre los comuneros leoneses. El que fuera catedrático de Lengua y Literatura Española en el Instituto General y Técnico de León, en el de Salamanca y en el de Valencia había publicado una década antes (1906) un estudio previo sobre la familia protagonista y también víctima del fracaso de la revuelta con el título La Casa de los Guzmanes. En ‘Historia de los comuneros de León y de su influencia en el movimiento general de Castilla’ detalla cómo a los Guzmanes se les arrebataron sus propiedades en localidades como León (actual sede la Diputación), Boñar, Vegas del Condado o Toral de Fondo.

«Al comenzar el siglo XVI, empujadas por la fuerza de las circunstancias, decláranse enemigas irreconciliables y olvidando hasta el vínculo de sangre que las unía, las dos luchas denodadamente por su predominio en la ciudad en la época de los Comuneros, y no cejan en su empeño hasta que la de los Quiñones, fiel servidora de la monarquía, consigue la derrota y el aniquilamiento de aquella su rival que con tanto valor y valentía tremoló la bandera de las libertades populares, guerreando en defensa de la patria, esquilmada y oprimida a la sombra del trono», escribe el profesor a principios del siglo XX.

Tras revisar la documentación existente en el Ayuntamiento y en el Archivo de la Catedral describe la persecución que sufren los Guzmanes. Sobre esta familia recuerda que en la historia de «tan ilustre familia» cuenta con «guerreros esforzados como don Nuño Pérez de Guzmán, que hizo proezas en la memorable jornada de las Navas de Tolosa; don Ramiro Núñez, héroe de Antequera y figura saliente de las Cortes celebradas por don Juan II en 1429; el valiente defensor de Tarifa, y aquel otro don Pedro de Guzmán, vencedor de la morisma en Almodóvar, Carmona, Alcalá del Río y en el cerco y toma de Sevilla...».

Pero su rivalidad con los de Luna-Quiñones era evidente desde hacía tiempo: «En todo competían las dos familias rivales. Si la de los Quiñones extendía su jurisdicción por una parte de la provincia de León y por otra no pequeña de la de Asturias, la de los Guzmanes tenía por cientos los vasallos y poseía gran número de heredades y era absoluta dueña y señora de las villas de Aviados, Toral, Cañizar y Vegas del Condado, contando con súbditos hasta en las ciudades de Toro, Zamora y Valladolid...».

Y con la derrota llegó la persecución: «La noticia de la huida de Ramiro Núñez de Guzmán al vecino reino portugués, en donde residió, por lo menos, hasta el año 1560, contrarió sobremanera a Carlos V. No pudiendo éste castigar al ilustre representante de la casa de los Guzmanes, toda vez que el monarca lusitano se había negado a entregar los comuneros que gozaban de hospitalario albergue en su nación, se vengó ordenando al corregidor de León Bernardino de Ledesma que, sin pérdida de momento, procediese al derribo de cuantas casas poseyera aquel noble». Pero explica el profesor que «al derribo de los palacios y casas de Núñez de Guzmán se opuso el pueblo de León, impidiendo por la fuerza que el corregidor Ledesma cumpliera las órdenes que había recibido del rey».

Y detalla que también se extendió a sus propiedades por la provincia: «La despiadada persecución de que fue objeto el de Guzmán aún no había terminado. En 11 de mayo de 1521 Carlos V ordenaba al licenciado Lerma, en cédula expedida en Segovia, que se dirigiese a Toral, Vegas del Condado, Aviados y condados de Porma y Valdoré, y procediera en todas estas villas al secuestro de los cuantiosos bienes y fortalezas de Ramiro Núñez de Guzmán» donde también hubo mucha resistencia.

Quizá todo ello incluyó en que años después llegase el perdón. «Por real cédula fechada en Ratisbona, a 10 de julio de 1532, tenemos noticia de la devolución de parte de los mencionados bienes a los hijos de D. Ramiro, suscitándose, entre éstos y los compradores de la hacienda confiscada, un largo litigio».

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