martes 24/5/22

La revolución de las feas

Tres de cada diez personas no compran frutas y verduras por su aspecto ‘diferente’, lo que obliga a descartar casi la mitad de la mercancía, según denuncia el sector hortofrutícola español
                      Cesta de frutas en la inauguración de una feria del sector. JAVIER LIZÓN
Cesta de frutas en la inauguración de una feria del sector. JAVIER LIZÓN

Redondas y brillantes, lisas y verdes, de un rojo brillante. Así son los lineales de la sección de frutería de los grandes supermercados en España. Naranjas perfectas, tomates con un acabado de 10 o lechugas que brillan con luz propia. El canon de belleza no es algo que se aplica al ser humano, sino también a la alimentación. «Es lo que yo llamo comer por los ojos», define Noelia Álvarez, directiva de Frutas Olivar y Valgren y miembro del comité de Asomafrut, la Asociación de Empresarios Mayoristas del Mercado Central de Frutas de Madrid.

Estos estándares estéticos, que «nada tienen que ver con la calidad del producto», revela Álvarez, son los responsables de una parte importante de la factura del desperdicio alimentario. «He visto palets y palets llenos de fruta con imperfecciones», denuncia Oriol Aldomà, cofundador de Talkual, una iniciativa que vende este tipo fruta y verduras.

Según datos del sector, casi la mitad de la fruta que se descarta es por su aspecto. «Se necesita un compromiso de todos, no es producto en mal estado», advierte la directiva de Frutas Olivar y Valgren.

El pasado mes de octubre, el Consejo de Ministros puso en marcha una ley para luchar contra el desperdicio alimentario. Solo en los hogares españoles se tiran anualmente a la basura 1.364 millones de kilos/litros de alimentos, una media de 31 kilos/litros por persona en 2020.

Las razones para tirar la comida son muy diversas, pero la principal razón del desperdicio de frutas y verduras es que «están demasiado maduras o han empezado a enmohecer». Sin embargo, casi el 10% asegura que se deshace de ella por «fea o imperfecta», destaca el informe de Too Good To Go, una aplicación que lucha contra el desperdicio de alimentos. «Se ha reducido un poco este pensamiento», responde Aldomà. Menos optimista es Álvarez, «persisten estos estándares estéticos en el consumidor final». Un rechazo que tiene su reflejo en la gran distribución. «Son muy exigentes, porque a sus clientes (los consumidores) no les gusta la fruta con imperfecciones», revela la directiva de Frutas Oliver y Valgren que cada día en Mercamadrid vive esta situación. Esta afirmación se refleja en las estadísticas, el 30% de los encuestados por Too Good To Go señala que no compra frutas o verduras no normativas. Unos defectos estéticos «propios del campo, narra Álvarez. «No hacemos tornillos y la fruta no crece en moldes», explica. «A veces nos olvidamos que esto es la naturaleza», recuerda.

La revolución de las feas
Comentarios