jueves 13/8/20

La sátira de bolsillo de Goya

Genio y figura. El artista español trabajó con dibujos realistas y crítica social en el ‘Cuaderno C’ , que edita íntegro el museo del Prado.
Autorretrato de Goya. Debajo, uno de los dibujos del ‘Cuaderno C’
Autorretrato de Goya. Debajo, uno de los dibujos del ‘Cuaderno C’

doménico chiappe

El año que terminó la Guerra de Independencia española contra la invasión francesa, Francisco de Goya comenzó a pintar en un nuevo bloc de artista, que ahora se conoce como el Cuaderno C. Es el tercero de nueve, que guardó de la vista de los demás. Esta obra tan particular como valiosa solo se conoció varios años después de morir el artista en 1828. Su hijo Javier los había atesorado en tres álbumes que organizaban los cuadernos de Sanlúcar, de Madrid, de «viejas y brujas», o de «bordes negros».

Pero al fallecer Javier, el nieto de Goya, Mariano, los vendió en 1858 y comenzó una verdadera diáspora de arte, arrancados del lomo de las libretas y subastados por separado. El Cuaderno C sin embargo permaneció casi intacto, advierte José Manuel Matill, jefe de Conservación de Dibujos y Estampas de Museo del Prado, institución que ha presentado una edición facsímil del cuaderno, junto a la editorial Skira. Del medio millar de dibujos que se conservan en este formato, casi la cuarta parte pertenece al ‘C’, en el que trabajó hasta 1824, del que se han perdido ocho láminas y otras cinco están en los fondos de instituciones fuera de España. Sólo una de las libretas, la primera, conocida como Cuaderno italiano, se conservó intacta.

Sin «ninguna clase de autocensura», ni de «corrección política» o «convencionalismos» que sí guardaba en las obras destinadas a su público, Goya se debe aquí a la «fantasía» y a la «creación intelectual», sostiene Matilla, autor del prólogo de esta cuidada impresión que reproduce incluso el reverso de los dibujos de trazo seco, tal como se traspasan en el original debido a la delgadez de la hoja.

Con mordaz crítica social y política, con aguda sátira en ocasiones, el genio de Goya parece desquitarse de una realidad que le disgusta y aborrece. Debajo de los dibujos, de construcción formal y apegada al realismo, incluye frases o comentarios, a manera de viñetas. La primera página es un mendigo que estira la mano. «Por no trabajar», escribe el pintor. «Más provecho saco de estar solo», sostiene en la cuarta. El estilo tanto textual como visual tiene correspondencia con sus Caprichos.

Goya apunta a los poderes de la época, como la Inquisición, más fuerte tras la victoria sobre los franceses, en silenciosa línea con otros pensadores de ese momento. «Por mover la lengua de otro modo», escribe en el dibujo 89, donde retrata a un fiel con capirote en el banquillo del escarnio, o «Por descubrir el movimiento de la Tierra» a un hombre torturado y encadenado en una silla de tormento. Y bajo una oscura figura asustada que huye: «No haber escrito para tontos».

El Cuaderno C, de intensas tintas y con aguadas que dejan «apreciar el rastro de los pelos del pincel», reapareció en 1866, en una adquisición que hizo el Museo de la Trinidad, fusionado al Prado unos años más tarde. Fue motivo de una exposición reciente, previa al coronavirus, y ahora, tras la pandemia, se recoge en este libro.

La sátira de bolsillo de Goya