viernes. 09.12.2022
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josé enrique martínez

Hay libros que por la humildad de su formato pueden pasar desapercibidos. Y no lo merecen. Es el caso del titulado Sentimentalmente, y subtitulado, también modestamente, Burbujas en la corriente. Ni siquiera se ve plasmado el nombre del autor en la portada, y hay que ir a la portadilla para hallar el nombre de Manuel Garrido. Yo tenía noticias del mismo por los artículos de opinión que de cuando en cuando vierte en Diario de León en relación con la Cabrera, y por el libro Flores de malva, en el que Martínez Oria mantiene una larga conversación con el sacerdote.

La palabra única del título se descompone en tres, senti-mental-mente, de modo que «encarna con toda formalidad la posibilidad de una conjunción entre mente y sentimiento», evocando el unamuniano «piensa el sentimiento, siente el pensamiento». El subtítulo del libro, por otro lado, se aclara con estas palabras «las líneas que siguen apenas alcanzaran a ser otra cosa que burbujas de una febrícula en la corriente continua de alta tensión entre razón y pasión, concierto y orden». Es un prólogo muy jugoso el de Garrido, del que se desprende una característica que afecta a todos los textos: la mente memoriosa del autor al que le basta una cita o una palabra para que se vayan enhebrando nuevas ideas y citas, como si un hilo tirara de otro hilo.

Los capítulos son breves, pero enjundiosos. Exhalan además un vaho poético –razón por la que los que los traigo a esta sección- como cuando leemos las prosas de María Zambrano, pongamos por caso, en las que la poesía parece sobreponerse al pensamiento.

Léase, por ejemplo, el texto de Garrido «Vivir es navegar»; en él una idea de Platón se percibe como una imagen vital «poderosa y de largo aliento»: la navegación a vela (la de «la impetuosa juventud») a la que sigue la navegación última a remo, «serena y pausada, pero a cambio el navegante también es más dueño del rumbo».

Léanse los seis capitulillos que expresan la conmoción ante la belleza hasta hacer brotar las lágrimas; el título de los seis proviene de una pieza musical del compositor del XVII John Dowland, Lágrimas, «y es cierto que pueden asomarse a nuestros ojos, oyendo unas melodías tan melancólicas». Hallamos además una breve pero fina traducción de versos del Cantar de los cantares o diferentes versiones de unas «razones del corazón» de don Quijote. De la lectura de Sentimentalmente brota, acaso no sepamos la causa, «una suave melancolía», que es la frase que cierra el libro.

Una suave melancolía
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