martes. 31.01.2023

La suerte de brotar entre árboles

Los niños criados bajo la protección de ramas y copas sacan mejores notas que los que crecen junto al pavimento, pero también que los que solo juegan en el césped
                      Niños y niñas de Katmandú se abrazan a los árboles en el Día Mundial del Medio Ambiente. NARENDRA SHRESTHA
Niños y niñas de Katmandú se abrazan a los árboles en el Día Mundial del Medio Ambiente. NARENDRA SHRESTHA

La genética, el estatus económico y cultural de los padres, la estabilidad familiar, el acierto con los primeros médicos y educadores... Son muchos los factores que pueden influir en el buen y saludable desarrollo de un niño o, al contrario, en las carencias, hábitos perniciosos y lastres que pueden condicionar para mal su adolescencia y, en ocasiones, incluso su vida adulta. Un equipo de estudiosos canadiense, liderado por Matilda van den Bosch, investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona, ha puesto sobre la mesa, después de años de trabajo, interesantes indicios sobre otro factor a tener muy en cuenta. El resultado de la investigación, según el artículo publicado en Environment International, es que los críos que crecen en un entorno con abundantes árboles tienen un desarrollo más exitoso y brillante no solo que quienes no identifican más paisaje que el pavimento o la tierra, lo que sonaría bastante lógico, sino también que los acostumbrados a expandirse en zonas verdes, pero formadas fundamentalmente por césped. El experimento social, llevado a cabo en Vancouver, consistió en el seguimiento durante cinco años de más de 27.000 recién nacidos en este gran área metropolitana del suroeste canadiense, clasificados por los entornos urbanos en los que crecieron. Con los niños ya en el segundo ciclo de Infantil, sus educadores valoraron buena parte de los elementos que definían el grado de éxito de su desarrollo personal: su salud física y mental, su madurez, su inteligencia, sus conocimientos generales o sus habilidades sociales, comunicativas y lingüísticas.

Los chicos que vivieron sus primeros años en calles y barrios con zonas verdes abundantes fueron los que mejores perfiles tuvieron. Buena atención y memoria, pocos problemas emocionales y de comportamiento y resultados académicos más brillantes fueron las características personales más repetidas. El nivel de desarrollo más bajo coincidió con quienes construyeron su mundo sobre losetas, adoquines y cemento.

Pero, entre los de barrios verdes, destacaron quienes tuvieron la suerte de dar sus primeros pasos y jugar en arboledas y parques boscosos en vez de sobre césped a cielo abierto. Los investigadores lo atribuyen a que este mar de copas actuó de barrera protectora y mitigó tanto la contaminación atmosférica como la sonora, pero también el calor.

La suerte de brotar entre árboles
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