martes. 29.11.2022

Alfred Bosch: considera que cualquier autor tiene algo de «’deus ex machina’, pero hay que ser modesto» y, en su caso, lo que hace es de «artesano que intenta explicar la historia de un templo y de los pobres que lo construyeron, algo que es fácil de contar y entender, pero que lleva mucho de fondo porque, en realidad, describes una obra que va más allá de lo tangible, que es metafísica, que transmite una cierta filosofía vital». Llevaba más de tres lustros con la idea en la cabeza, recopilando documentación, incluso perfilando personajes, cargándoles las mochilas, que el lector irá abriendo mientras pasa las páginas, en una novela en la que su autor usa la máquina del tiempo, algo que le «fascina», porque «tiene una potencia narrativa enorme».

Todas sus notas se encontraban en unas pequeñas libretas, con letra de mosca, que años después ni él mismo entendía, y que le obligó a comprar incluso una lupa, y a volver a transcribirlo todo. «Llega un momento en el que me proponen entrar en política, digo que sí, y esta equivocación, a la que tenía todo el derecho del mundo, acaba diez años después, pero al día siguiente ya recupero mis libretas porque me digo a mí mismo que no me quedaré de brazos cruzados lamiéndome las heridas, porque yo no soy así, soy de otra pasta», afirma.

Como un poseso, según confiesa, vuelve a sus notas y va creando su particular «sagrada familia», una novela que «cuenta una historia en minúscula, porque no es un manual sobre la Sagrada Familia y Gaudí, sino la del ‘Bordegàs’ y los suyos, así como la de esos niños que crecieron a la sombra del templo y fueron a las escuelas que allí se crearon».

Con ganas de que la novela «sea como la vida» y de que la lean cuantas más personas mejor, Bosch cree que, si hay algún mensaje en la misma, es que «lo sagrado en una familia es el amor» y que, «por suerte, no siempre ganan los destructores».

En cuanto a nuevos proyectos, remarca Bosch que no puede evitar no escribir y agrega que: «toda la vida lo que he hecho ha sido comunicar, hacer llegar lo que me hierve dentro, y esto tanto se puede hacer dando clases, escribiendo novelas y artículos como haciendo política, que también puede ser creativa. Durante unos años lo ha sido mucho», concluye.

«Por suerte, no siempre ganan los destructores»
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