miércoles. 10.08.2022

El tesoro literario del Cervantes

l El autor sumó ediciones de ocho de sus obras y un sobre secreto
                      Donato Ndongo, durante unas jornadas de estudios africanos de la Universidad de León.
Donato Ndongo, durante unas jornadas de estudios africanos de la Universidad de León.

johana gil bolaños

«el pobre negrito, al que dijeron de niño que carecía de cultura, ahora posa junto a los más cultos hispanohablantes». Con estas palabras, el escritor africano Donato Ndongo (Guinea Ecuatorial, 71 años) expresó su sorpresa y agradecimiento al dejar su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. El autor y periodista ha sumado a los tesoros de la cámara acorazada las primeras ediciones de ocho de sus obras y un sobre con un contenido secreto. La entrega fue en un acto celebrado en el icónico edificio de la literatura en Madrid, ubicado en la antigua sede del Banco Español del Río de la Plata. La caja 708 conservará para la posteridad los pensamientos y declaraciones de uno de los mayores referentes de la literatura africana en español. Esto demuestra que «el esfuerzo no ha sido en vano», reflexionó Ndongo. Animado a seguir escribiendo, el autor manifestó que «es impresionante saber que la sociedad intelectual se interesa en mis obras. Parecía normal que mi trabajo sea silenciado y minimizado, pero ahora sé que es valorado».

El legado depositado en la caja no tiene fecha de apertura, al contrario que el de la mayoría de invitados. El contenido permanecerá custodiado por el instituto, posiblemente hasta después del fallecimiento del autor. La pequeña urna encierra la misteriosa carta escrita por él y los ensayos Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial (1977) y España en Guinea: construcción del desencuentro, 1778-1968 (1998); las novelas Las tinieblas de tu memoria negra (1987), Los poderes de la tempestad (1997) y El metro (2007); el libro de cuentos El sueño y otros relatos (2017); así como su poemario Olvidos: Poemas (2016) y la Antología de la literatura guineana (1984).

La herencia de la Caja de las Letras ya contaba con la presencia de escritores latinoamericanos y ahora se complementa la comunidad hispanohablante con la integración de Ndongo, el primer africano en entrar en la «cámara de la memoria». Llegó a la bóveda de seguridad para compartir con nobeles y ganadores del Premio Cervantes como Gabriel García Márquez o Eduardo Mendoza. El sótano del instituto alberga el patrimonio de más de 60 personalidades de la cultura en español. Reconocidos literatos, artistas y científicos han cedido manuscritos, libros u objetos simbólicos que reflejan su trayectoria profesional y personal. «Si mi nombre figura junto a estos próceres es gracias a mi padre y mi madre que me obligaban a levantarme muy temprano para ir a estudiar, cuando yo prefería quedarme jugando», ilustró el autor, quién recordó los relatos de su abuelo y las charlas con su abuela. Estas palabras fueron las que le inculcaron la identidad de su país natal. También hizo partícipe del reciente reconocimiento a su profesor de infancia, quien le enseñó a leer y escribir en español.

fruto de la reflexión

El respeto por la vida, los derechos humanos y la inmigración son temas que protagonizan los ensayos, poemas y novelas de Ndongo. Aunque reconoce que es imposible satisfacer a cada lector, sabe que el éxito de sus creaciones es fruto de la reflexión. Sus libros son el reflejo de la colonización y han sido útiles para conocer la otra cara de esta población que tiene al español como idioma oficial junto al francés. Incluso, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, afirmó haber comprado el libro Las tinieblas de tu memoria negra cuando era estudiante en la Universidad de Granada. «Me enseñó a analizar la política y la importancia de defender la dignidad humana», enfatizó. Ndongo, reconocido con el I Premio de Literatura Africana en español Amadou Ndoye (2014) y candidato al Premio Princesa de Asturias de Las Letras en 2022, aclaró que «el español ya no es propiedad exclusiva de los castellanos, de los españoles o de los criollos hispanoamericanos» y refutó a los que tildan a los ecuatoguineanos de «usurpadores de lenguas». «Fui alfabetizado en español. La obligación del escritor es plasmar sus ideas en letras, da igual en qué idioma lo haga», explicó.

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