domingo. 07.08.2022
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josé enrique martínez

Ezequías Blanco, fundador y director de la extraordinaria revista Cuadernos del Matemático, ha cultivado la narración y la poesía. En este campo forma parte de la singular constelación de poetas zamoranos que tienen como maestros cercanos a Claudio Rodríguez e Hilario Tundidor, aunque no solo. Algo tendrá que ver el cine es el último poemario de Ezequías. Si la relación entre poesía y pintura goza de una tradición secular, en la actualidad la fotografía y el cine ocupan también la imaginación de los poetas. Pero varios otros aspectos están presentes en Algo tendrá que ver el cine, cuya lecturas me ha dejado un poso no sé si de melancolía preocupada que acaso sintetice el poema final, que recuerda la parábola del sembrador y la mala cosecha, y alude sin duda a cualquier vida: en la primavera de la vida todo resulta prometedor; pero en la época de la recolección algo había sucedido para que «casi toda la espiga fuera vana». Ocurre que, como explica en el prólogo José Luis Morales, la edad va apresurando dolor, pérdidas inesperadas y horizontes limitados. Todo lo acaba provocando la acción del tiempo, del que cada vez somos más conscientes. De ahí el Carpe diem, título de una de las composiciones, que difiere del tópico de gozar de la juventud para instar a aprovechar el momento, independientemente de la edad, pues «cualquier momento es el más apropiado / porque aún tienes la suerte de vivirlo»; otro poema constata, sin embargo, que «todo lo que aquí habíamos amado» lo evocamos sin el desbordamiento jubiloso del pasado la mansión de la niñez se evoca en la apesadumbrada Visita a la casa familiar abandonada, con las cuadras vacías y el huerto colonizado por la maleza; la amargura apenas se atenúa con el son de unas esquilas lejanas o con el olor recordado del mosto de las bodegas. Como dice otro poema, «todo sucede siempre en el pasado».

Son varias más las caras del prisma lírico de Ezequías Blanco. Puede haber ironía en un poema y otro resolverse en coplas a la manera, por ejemplo, de Augusto Ferrán; otra veta es la solidaridad con los refugiados que «bajo los cielos solos van oscuros» (Vigilio dixit). En cualquier caso, los poemas de Ezequías desbrozan caminos cuya eficacia reside, en parte, en lo imprevisible, en esa «rotura de los campos semánticos invadidos por términos ajenos», en palabras del prologuista, entre otros recursos hábilmente manejados.

Todo sucede en el pasado
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