miércoles. 29.06.2022

Todos los caminos pasan por Astorga

Su papel como encrucijada forja la riqueza histórica en la que se conjugan las huellas romanas con hitos como el Palacio de Gaudí, dentro de un destino turístico en el que el paseo, los museos y la gastronomía invitan a disfrutar
                      El Palacio de Gaudí de Astorga es una de las tres únicas obras que el arquitecto firmó fuera de Cataluña. FERNANDO OTERO
El Palacio de Gaudí de Astorga es una de las tres únicas obras que el arquitecto firmó fuera de Cataluña. FERNANDO OTERO

Astorga está donde debe: en mitad de un cruce de caminos que ha definido su historia y que, más de dos milenios después, asienta su personalidad para afrontar los retos del presente. En esa encrucijada, la herencia conservada, la apuesta por el valor añadido de lo propio y la multiplicidad de ventanas que se abren con las redes sociales arman la estrategia turística con la que el Ayuntamiento astorgano busca aprovechar la potencialidad del destino.

Estos valores forman la oferta con la que Astorga se presenta en el escaparate de la Feria Internacional de Turismo Interior (Intur). El escaparate en el que se exhiben los principales destinos turísticos ofrece una oportunidad inmejorable para asentar la imagen forjada durante años de trabajo de conservación del patrimonio y promoción de las herramientas de desarrollo del mismo como activo económico. La propuesta no se limita a la exposición del pasado como una sucesión de iconos, sino como la conjunción de ellos dentro de la riqueza artística, monumental, cultural y gastronómica que atesora después de siglos como cruce de caminos y vías de peregrinación tan importantes como la Vía de la Plata y la Ruta Jacobea.

El poso de esta situación estratégica alimenta espacios puente en los que conviven monumentos alejados por la historia como la Catedral, abierta al culto en el siglo XV, y Palacio de Gaudí, una de las tres únicas obras que el genial arquitecto firmó a principios del XX fuera de Cataluña.

El paseo invita a la contemplación de las huellas dejadas por las civilizaciones anteriores, como las tres propuestas temáticas ideadas desde el consistorio: una para conocer la historia, otra para el patrimonio cultural y la tercera para descubrir los secretos de la industria chocolatera. Estos itinerarios se detienen en los museos municipales. No sólo en el que expone el origen romano de Astorga como capital de las explotaciones auríferas del noroeste, sino también el que tienta a los visitantes con la tradición del chocolate para complementar una propuesta familiar variada y sugestiva para todas las edades.

La puerta del Museo del Chocolate abre el apetito para la degustación de la extensa carta gastronómica que ofrece Astorga. Su impronta va ligada a productos como las mantecadas, los hojaldres o la cecina, elevadas al altar de los pecados imperdibles a los que debe sucumbir todo visitante, y al descubrimiento del orden perfecto con el que el cocido maragato pone cada alimento en su sitio a la hora de comer: quien lo probó, lo sabe.

La elección del restaurante en el que saborear el cocido maragato no se presenta fácil por la amplia oferta. La decisión puede depender de quedarse en la ciudad, donde abundan los establecimientos de referencia, o trasladarse a diferentes enclaves de la comarca, como el conjunto histórico de Castrillo de los Polvazares, otro de los puntos para no perderse.

Lo mejor es ir con tiempo y sin prisa. Hay fechas en el calendario de sobra, entre las que destacan la Semana Santa y la fiesta de los astures y romanos, que se celebra a finales del mes de julio e implica toda la zona en la recreación. Pero durante todo el año, Astorga aguarda para sorprender al viajero. Ahí lleva más de dos milenios: donde debe.

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