martes 18/1/22
                      Ganado vacuno en la montaña leonesa, bajo la nieve. j. casares
Ganado vacuno en la montaña leonesa, bajo la nieve. j. casares

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La tuberculosis ya empieza a abrir un agujero negro en el sector ganadero leonés. Mientras los políticos realizan declaraciones solemnes de apoyo a la ganadería, su implicación decisiva para mantener abiertos los pueblos y la intervención para dar vida al mundo rural, los hechos van por el lado contrario; se eliminan rebaños sanos enteros por la razón de que un ejemplar da positivo en las pruebas reactivas. Una explotación de vacuno de la montaña leonesa desapareció de un plumazo por orden de la Junta porque un ejemplar era positivo por tuberculosis. Hasta ahora, para esa medida traumática de arrasan una explotación ganadera era preciso superar el límite del 25% del censo.

El celo de la medida liquidadora no se reproduce con la fauna, reservorio y fuente de contagio de la turberculosis, que cabalga a lomos de cérvidos y jabalíes, además de tejones, cada vez más extendidos y que con esos contagios de infección que transmiten a la ganadería arrasan una forma de vida y la actividad ganadera. Se mata el ganado sano, pero no se eliminan los animales salvajes infectados, porque tampoco está extendido ese control.

Así, la provincia de León comienza a asomarse al precipicio que ya vivió en la década de los noventa y los primeros años del nuevo siglo, cuando la brucelosis arrasó y arruinó ganaderías, ganaderos y familias enteras que vivían de este medio de forma secular. La inacción contra las fuentes de contagio de la tuberculosis contrasta con la aplicación agresiva de una norma interpretable que siempre perjudica a los profesionales afectados, que no tiene la misma referencia en el caso de la fauna, y mientras se repiten por los altavoces mediáticos cuánto protegen el Gobierno y la Junta a la ganadería.

TUBERCULOSIS
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