jueves. 30.06.2022

Un siglo cumplió el pasado febrero el Ulises, de James Joyce, que como todos las grandes obras que trascienden su tiempo sostienen sin esfuerzo el artículo que le precede, que no forma parte del título y demuestra la popularidad de un relato vivo y, como tal, sujeto a pasiones y controversias. «El texto no envejece sino las generaciones de lectores que se acercan a él», ha afirmado este lunes el escritor, traductor y periodista Eduardo Lago, autor del reciente Todos somos Leopold Bloom, un ensayo sobre el Ulises donde se aproxima a su complejidad narrativa y desvela algunas claves para su lectura. Uno de los misterios de este relato, centrado en las peripecias de Leopold Bloom durante un día concreto, el 16 de junio de 1904, «es que opera en muchos planos a la vez: te atrapa y no te suelta, capta el alma de un pueblo y a eso responde la gente», ha apuntado Lago durante una comparecencia ante los medios informativos.

A través de dieciocho capítulos, en otras tantas variaciones, su autor, James Joyce, «penetró en el alma del idioma para desentrañarlo en un viaje inabarcable», lo cual dio lugar a «zonas áridas» en travesías más dificultosas para el lector, «como pasa con El Quijote» y «por las que hay que transitar» porque «no hay libro sin defectos», ha añadido. «Reproduce en el plano de la lengua los sucesos del pensamiento y el sentimiento», ha apostillado Lago, ganador del Premio Nadal 2006 con Llámame Brooklyn y miembro de la Orden del Finnegans que cada 16 de junio peregrina a Dublín, y de la que también forman parte Antonio Soler, Enrique Vila-Matas, Jordi Soler, el editor Malcolm Otero y José Antonio Garriga. Entiende Lago que la primera lectura del Ulises debe hacerse durante la adolescencia con el fin de retornar una y otra vez para poder desentrañar «el volcán de un lenguaje que es como un magma que te quema el alma» y que con frecuencia despista al lector poco avisado. Para Antonio Soler, otro de los participantes en la mesa redonda moderada por la profesora Berta Cano, Joyce «está muy vivo en Irlanda y en todo el mundo» porque «despierta una sensación de novedad que constituye una virtud dentro de la literatura: por eso no envejece, porque es una constante fuente de inspiración creativa».

Un siglo de Bloom
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